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Ni en la CDMX ni en la playa: El verdadero y potosino origen de la michelada

Kenia Espinosa

2026-05-14

Un joven sonriente disfrutando de una michelada clásica en un tarro escarchado con sal y limón, sentado en una terraza con edificios históricos de San Luis Potosí al fondo.

Para muchos, no hay nada más reconfortante que una cerveza bien fría con limón y sal en un día caluroso. Sin embargo, pocos conocen que este emblemático cóctel mexicano, conocido mundialmente como michelada, no nació en una playa ni en las cantinas de la capital, sino en el corazón de San Luis Potosí.

El invento de un sábado por la tarde La historia nos remonta a la década de los años 70 en el Club Deportivo Potosino. Cuenta la leyenda local que un socio del club llamado Michel Esper llegó un sábado con una sed insaciable. En lugar de pedir su cerveza de la forma tradicional, le pidió al cantinero del lugar, un hombre llamado Fidel, algo fuera de lo común.

Michel solicitó un vaso jaibolero, le puso hielo, exprimió un par de limones con sus propios dedos, agregó una generosa pizca de sal y finalmente vertió su cerveza. El resultado fue una bebida extremadamente refrescante que no pasó desapercibida por los demás socios del club.

De “la limonada de Michel” a la “Michelada” Pronto, la curiosidad se apoderó de sus amigos, quienes comenzaron a pedir al cantinero una bebida igual a la que estaba tomando su compañero. La orden pasó de ser “una como la de Michel” a simplemente pedir la “limonada de Michel”. Con el paso del tiempo y el uso constante, las palabras se fusionaron hasta convertirse en el nombre que hoy todos conocemos: Michelada.

Aunque hoy existen variantes que incluyen salsas oscuras, picante, chamoy y hasta mariscos, la esencia original de la michelada sigue siendo ese invento potosino de Michel Esper que revolucionó la cultura cervecera de México y el mundo.

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