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Más que un equipo: Por qué los Pumas de la UNAM son el último bastión del rock en México

Kenia Espinosa

2026-05-14

Primer plano del escudo de los Pumas de la UNAM en una chamarra deportiva, representando la identidad universitaria y su vínculo con el rock mexicano.

Si alguna vez te has preguntado por qué es tan común ver playeras de los Pumas en festivales de rock, la respuesta no es solo una moda; es una historia de resistencia cultural que define la identidad de la UNAM.

El silencio después de Avándaro Todo comenzó en 1971 con el festival de Avándaro, considerado el “Woodstock mexicano”. La magnitud del evento y la narrativa mediática sobre supuestos excesos provocaron una reacción inmediata del gobierno de Luis Echeverría. A partir de ahí, el rock fue prácticamente censurado en México: se prohibieron los conciertos masivos y se limitó su transmisión en radio.

La UNAM: El último refugio Mientras el género era empujado a la clandestinidad de los “hoyos fonqui”, el rock dejó de sonar en los grandes escenarios comerciales, pero no dejó de existir. En 1987, tras más de una década de silencio oficial, la UNAM levantó la mano.

Gracias a su autonomía, la universidad se convirtió en el único espacio en la Ciudad de México capaz de albergar conciertos de gran escala. El Estadio Olímpico Universitario y las explanadas de Ciudad Universitaria se transformaron en el refugio donde el rock volvió a rugir libremente.

Un lazo inquebrantable Desde entonces, el espíritu rebelde del rock y la identidad de los Pumas se fusionaron. Ser de la UNAM pasó a ser sinónimo de defender un espacio de expresión que el resto del país negaba. Por eso, cada vez que suena una guitarra en el Pedregal, no solo suena música, suena el testimonio de una institución que protegió la cultura cuando más se necesitaba.

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