El movimiento sonidero surgió a mediados del siglo XX en colonias populares de la capital mexicana como Tepito, San Juan de Aragón y el Peñón de los Baños. Los organizadores vecinales sustituyeron la contratación de orquestas por tocadiscos, amplificadores y sistemas de altavoces instalados en la vía pública.
Ramón Rojo Villa fundó Sonido La Changa en Tepito en 1968 y adoptó el uso del micrófono para comunicarse con los asistentes. Durante esa misma etapa, Roberto Herrera, al frente de Sonido Rolas en San Juan de Aragón, implementó intervenciones habladas para anunciar los títulos de las canciones y animar los bailes callejeros.
En la década de 1970 ambos operadores comenzaron a intercalar nombres y dedicatorias sobre la música en reproducción. Esta práctica surgió además como una medida de protección de los discos de vinilo que los sonideros importaban de Colombia y Perú, evitando así la duplicación no autorizada de grabaciones exclusivas.
La técnica de locución incorporó procesadores de audio, cámaras de eco y moduladores de tono para alterar la voz del animador. Estas herramientas técnicas consolidaron la cadencia sonora que caracteriza a las presentaciones en vivo y a los registros fonográficos producidos en el centro del país.
El papel de las dedicatorias en la comunicación comunitaria y la migración
Investigaciones antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México explican que los saludos funcionan como correspondencia social. Los asistentes utilizan la voz del sonidero para manifestar presencia afectiva y pertenencia territorial ante sus familias y círculos vecinales.
El flujo migratorio hacia Estados Unidos extendió la función comunicativa de las dedicatorias durante las décadas finales del siglo XX. Trabajadores radicados en ciudades como Nueva York o Chicago enviaban solicitudes grabadas en casetes para que los sonideros las reprodujeran en los festejos de sus colonias de origen.
Las grabaciones de los bailes circularon en formatos físicos entre ambos países, permitiendo que las familias escucharan los mensajes a la distancia. De esta forma, el saludo sonidero preservó la memoria colectiva y los vínculos familiares por encima de las fronteras internacionales.
Declaratoria oficial de la cultura sonidera como patrimonio cultural
El Gobierno de la Ciudad de México publicó el 6 de octubre de 2023 un decreto en la Gaceta Oficial que reconoció a la cultura sonidera como Patrimonio Cultural Inmaterial. El documento oficial estableció la creación de un plan de salvaguardia para proteger esta manifestación popular.
La Secretaría de Cultura capitalina integró esta tradición a programas de difusión pública, organizando concentraciones masivas en plazas cívicas como el Zócalo. Estos encuentros reunieron a dinastías sonideras de diversas alcaldías para documentar su aporte a la identidad urbana y a la música popular.
En la actualidad los asistentes entregan peticiones escritas en papel o mediante teléfonos celulares directamente en las cabinas de audio. Los sonideros mantienen la lectura continua de mensajes durante cada tema, conservando una práctica comunicativa que suma más de cinco décadas de vigencia en la sociedad mexicana.






