Del metate a la mesa: Así influye la gastronomía en nuestra identidad nacional

Kenia Espinosa

2026-01-10

La variedad de colores y sabores en la mesa, desde las salsas hasta los antojitos, refleja la riqueza de la comida mexicana como parte fundamental de nuestra identidad.

¿La comida mexicana es parte de nuestra de identidad?

Al hablar de México, es inevitable pensar en sus colores, su música y, fundamentalmente, en sus sabores. La gastronomía del país trasciende la simple necesidad de alimentarse; representa un acto social, histórico y afectivo que une a las comunidades. Diversos estudios antropológicos y reconocimientos internacionales confirman que la comida mexicana constituye un pilar central de la identidad nacional.

Un reconocimiento mundial a la tradición

El 16 de noviembre de 2010, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió a la Cocina Tradicional Mexicana en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este hecho marcó un precedente, ya que no solo se premió a los platillos en sí, sino al modelo cultural completo.

La UNESCO destacó que la cocina mexicana comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos antiguos, técnicas culinarias y costumbres comunitarias ancestrales. Esto significa que la identidad no reside solo en el sabor de un mole o un pozole, sino en todo el proceso: desde la siembra del maíz en la milpa hasta la convivencia en la mesa.

El maíz como cimiento de la cultura

La frase “sin maíz no hay país” resume la importancia de este grano en la vida de los mexicanos. Históricamente, las civilizaciones prehispánicas basaron su desarrollo y cosmovisión en el cultivo del maíz. Hoy en día, este ingrediente sigue presente en la dieta diaria de la mayoría de la población, especialmente en la zona centro del país, como la Ciudad de México y el Estado de México.

La nixtamalización, un proceso químico desarrollado hace miles de años para hacer comestible y nutritivo el maíz, es una técnica que sobrevive hasta la fecha. La tortilla, el tamal, el atole y los antojitos no son solo alimentos; son el resultado de un conocimiento transmitido de generación en generación que otorga un sentido de pertenencia.

La cocina como espacio de cohesión social

En los hogares mexicanos, la cocina suele ser el corazón de la casa. Es el lugar donde las familias interactúan, donde se cuentan las historias del día y donde se preservan las recetas de las abuelas. La Secretaría de Cultura señala que la preparación de alimentos en México es, a menudo, un acto colectivo.

Durante las festividades, esta característica se intensifica. En celebraciones como el Día de Muertos, la Candelaria o las Fiestas Patrias, la comida dicta el ritmo de la convivencia. El acto de compartir los alimentos fortalece los lazos familiares y vecinales. En barrios de Iztapalapa, Nezahualcóyotl o Ecatepec, es común ver cómo las mayordomías y fiestas patronales giran en torno a la preparación masiva de comida para compartir con la comunidad, reforzando la identidad local.

El mestizaje en el plato

La identidad mexicana es resultado de un mestizaje, y la comida es el reflejo más claro de este proceso. La gastronomía actual combina ingredientes endémicos como el chile, el frijol, la calabaza y el aguacate, con productos traídos de Europa y Asia, como el cerdo, el trigo, las especias y los lácteos.

Esta mezcla no borró las raíces indígenas, sino que las adaptó, creando una cocina compleja y variada. Platillos como los chiles en nogada o el mole poblano narran la historia de México a través de sus ingredientes. Al comerlos, los mexicanos consumen también su historia, validando su origen y su evolución como sociedad.

La comida como vínculo emocional

Más allá de los datos históricos, la comida mexicana conecta con las emociones. El concepto de “antojo” o la búsqueda de la “comida casera” cuando se está lejos de casa, evidencia un vínculo afectivo. Para muchas mujeres y hombres trabajadores, el puesto de tacos o la fonda no solo ofrecen sustento, sino un momento de pausa y conexión con su cultura en medio de la rutina urbana.

En conclusión, la comida mexicana es, efectivamente, una parte indivisible de la identidad. No se trata únicamente de nutrición, sino de un sistema de símbolos y rituales que permiten a los mexicanos reconocerse a sí mismos y ante el mundo. Preservar estas tradiciones, comprar en mercados locales y seguir cocinando las recetas familiares son acciones que mantienen viva esta identidad cultural.

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