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¿Por qué el arquitecto del Ángel de la Independencia odiaba ese nombre?

Kenia Mayran

2026-06-09

Imagen Nota Sabrosa

El monumento conocido popularmente como el Ángel de la Independencia representa el símbolo más emblemático de la Ciudad de México. Sin embargo, la figura que corona la columna no corresponde a una entidad religiosa, sino a una Victoria Alada. Esta distinción técnica formó parte de la visión arquitectónica original para conmemorar el primer centenario de la gesta independentista.

En el año 1900, el entonces presidente Porfirio Díaz lanzó una convocatoria internacional para la creación de un monumento conmemorativo. El proyecto ganador perteneció al arquitecto mexicano Antonio Rivas Mercado. La construcción inició formalmente en 1902 y enfrentó retos estructurales que obligaron a demoler y reconstruir la base debido a hundimientos en el terreno.

La escultura principal se inspira en Nike, la diosa griega de la victoria. La obra, realizada por el escultor italiano Enrique Alciati, sostiene en su mano derecha una corona de laurel, símbolo del triunfo, y en la izquierda una cadena rota de tres eslabones, que representa el fin de los tres siglos de dominio español.

Simbolismo y arquitectura de la columna de la Independencia

La estructura alcanza una altura total de 45 metros. La columna se encuentra revestida de cantera de Chiluca y decorada con guirnaldas y anillos que llevan los nombres de los héroes de la patria. En la base del monumento, se localizan cuatro figuras de bronce que representan conceptos fundamentales para la nación.

Estas esculturas alegóricas corresponden a la Ley, la Justicia, la Guerra y la Paz. El video informativo asocia estas figuras con las deidades griegas Eunomia, Irene, Némesis y Atenea, resaltando la fuerte influencia del neoclasicismo en el diseño de Rivas Mercado. La integración de estos elementos buscaba proyectar una imagen de modernidad y orden institucional.

El arquitecto Antonio Rivas Mercado manifestó en diversas ocasiones su desacuerdo con el uso del término “Ángel”. Para el autor, la precisión iconográfica de la Victoria Alada era fundamental para el significado civil del monumento. A pesar de la insistencia técnica, la población adoptó el nombre coloquial que persiste hasta la actualidad.

Inauguración y función como mausoleo nacional

La inauguración oficial del Monumento a la Independencia ocurrió el 16 de septiembre de 1910. El evento formó parte de las celebraciones del Centenario de la Independencia de México. Desde entonces, el sitio funciona no solo como un hito visual, sino como un mausoleo que resguarda los restos de figuras históricas.

En el interior del pedestal se encuentran las urnas con los restos de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero y otros insurgentes. Este carácter funerario otorga al monumento una relevancia cívica superior, convirtiéndolo en el punto de reunión principal para celebraciones y manifestaciones sociales en la capital.

La figura de la Victoria Alada ha sufrido daños a lo largo de su historia. El incidente más notable ocurrió durante el terremoto de 1957, cuando la escultura cayó de la columna. Tras este suceso, se realizó una restauración integral que incluyó el reforzamiento de la estructura y el recubrimiento con lámina de oro de 24 quilates.

El legado de Rivas Mercado en el Paseo de la Reforma

La ubicación del monumento en el Paseo de la Reforma responde a la planificación urbana de finales del siglo XIX. La avenida se diseñó para conectar el Bosque de Chapultepec con el centro de la ciudad, situando a la columna en una de las glorietas más importantes de la traza vial.

Actualmente, el Gobierno de la Ciudad de México y el INAH supervisan el mantenimiento constante de la pieza. La Victoria Alada se mantiene como un punto de referencia para el turismo internacional y un icono de la identidad mexicana. La historia de su construcción refleja las aspiraciones políticas y culturales de la época porfiriana.

El relato sobre el origen del “Ángel” permite comprender la evolución de la simbología nacional. Lo que inició como una representación de la mitología griega se transformó en el rostro de la libertad de un país. La obra de Rivas Mercado continúa vigilando el horizonte de la metrópoli, recordando el triunfo de la soberanía nacional.

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