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¿Escuchar cumbia te quita clase? La verdad detrás del estigma que persigue al ritmo tropical

Kenia Espinosa

2026-04-28

Músicos peruanos interpretando cumbia en un escenario festivo rodeados de bailarines con vestimenta tradicional en una plaza de los Andes.

La cumbia peruana enfrenta históricamente una barrera de prejuicios que vinculan el ritmo con determinados estratos socioeconómicos. Durante la década de los años 80, este género musical experimentó un crecimiento acelerado en los barrios populares y pueblos periféricos. Este auge coincidió con los procesos migratorios masivos desde las provincias hacia las grandes ciudades, principalmente Lima.

La sociedad de la época estableció una conexión directa entre la música y el origen geográfico de los oyentes. Todo aquello percibido como provinciano o popular recibió una mirada de desdén por parte de los sectores tradicionales. Esta dinámica generó la idea de que existe una “música fina” frente a una “música de barrio”, estableciendo una jerarquía basada en el gusto estético.

¿Por qué se asoció la cumbia con la pobreza en el Perú?

El vínculo entre la cumbia y la precariedad económica nació de la estigmatización de los migrantes. Al ser la cumbia el ritmo que acompañaba a quienes empezaban desde cero en la capital, el género se convirtió en un marcador de clase. Los críticos de la época utilizaban la música para marcar distancia social, ignorando la riqueza rítmica y cultural de las composiciones.

A pesar de su popularidad masiva, muchas personas optaron por disfrutar de la cumbia en silencio o de manera privada. Este fenómeno responde a la necesidad de evitar el juicio social en entornos laborales o académicos. Incluso en la actualidad, persiste una tendencia a justificar el gusto por este ritmo, como si se tratara de un “placer culposo” que requiere una explicación.

El debate sobre la identidad y la apropiación del ritmo tropical

La evolución de la cumbia ha permitido que el género alcance a todas las clases sociales, aunque esto no ha eliminado las tensiones. Existe un sector que manifiesta molestia cuando personas de contextos privilegiados escuchan cumbia con orgullo. Este conflicto evidencia que la música sigue funcionando como un terreno de disputa por la identidad y la pertenencia cultural.

Los especialistas en sociología de la música señalan que una canción no posee la capacidad intrínseca de otorgar o quitar clase social. Sin embargo, la forma en que la sociedad consume y etiqueta los ritmos revela los prejuicios vigentes. La cumbia peruana, en sus diversas vertientes como la chicha o la cumbia norteña, actúa como un espejo de las divisiones que aún persisten en el país.

La música como reflejo de los prejuicios sociales contemporáneos

El análisis del estigma hacia la cumbia demuestra la dificultad de separar el arte de las estructuras de poder. El lenguaje peyorativo utilizado para describir a los seguidores del género busca invalidar una manifestación cultural legítima. Al final, la cumbia no dice nada malo de nadie; es la mirada social la que carga de negatividad a los instrumentos y las letras.

Actualmente, agrupaciones de cumbia lideran las listas de reproducción y llenan estadios en todo el continente. El reconocimiento de la cumbia como Patrimonio Cultural en diversos países busca revertir décadas de marginación. La industria musical continúa integrando estos sonidos, desafiando las nociones arcaicas que intentan limitar el alcance de los ritmos tropicales por motivos de estatus social.

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