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La fábrica de cerillos en CDMX que regalaba bicicletas y cuadros de Rembrandt

Kenia Mayran

2026-08-11

Imagen Nota Sabrosa

La empresa Cerillera La Central mantiene un lugar relevante en la memoria colectiva de México debido a sus estrategias de promoción durante el siglo XX. Durante décadas, la compañía implementó dinámicas que permitían a los consumidores encontrar dinero real dentro de las cajitas de cerillos. Esta práctica se realizaba de forma aleatoria, sin previo aviso ni necesidad de participar en concursos formales.

Los usuarios encontraban monedas de diversas denominaciones al abrir los empaques cotidianos. Además de la distribución de efectivo, la empresa fomentaba el coleccionismo a través del intercambio de cajitas vacías. Los consumidores acumulaban los empaques para canjearlos por premios como bicicletas, balones y juegos de pluma con lapicero, artículos considerados de alto valor en aquella época.

La producción de estos artículos se concentró durante más de 30 años en la colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México. En este barrio se ubicó la fábrica principal de La Central, convirtiéndose en un referente industrial de la zona. La presencia de la cerillera impulsó la economía local y consolidó la identidad de la marca entre la población mexicana.

La colección “Clásicos de Lujo” y la difusión del arte universal

Una de las características más distintivas de los cerillos La Central fue la inclusión de reproducciones artísticas en el reverso de las cajas. Bajo la serie “Clásicos de Lujo”, la empresa imprimió obras de pintores reconocidos mundialmente como Rembrandt, Leonardo da Vinci, Velázquez, El Greco y Vermeer. Esta iniciativa permitió que el arte llegara a miles de hogares de manera accesible.

La serie de pinturas se convirtió en un objeto de colección para muchas familias. Las imágenes incluían el nombre del autor y el título de la obra, funcionando como una herramienta de divulgación cultural. Entre las piezas más recordadas se encuentran “Las Meninas”, “La joven de la perla” y diversos autorretratos de Rembrandt, los cuales se distribuían en los empaques de seguridad.

La calidad de la impresión y la selección de las obras otorgaron a la marca un estatus de distinción en el mercado. Los consumidores no solo adquirían un producto funcional para el hogar, sino también una pieza informativa. Esta estrategia de diseño gráfico se mantiene como uno de los ejemplos más exitosos de mercadotecnia cultural en la historia de la industria mexicana.

El legado industrial de La Central en Santa María la Ribera

La fábrica de Cerillos La Central en Santa María la Ribera representa un capítulo fundamental de la historia industrial de la capital. La empresa, fundada originalmente en 1885, estableció sus operaciones en esta zona antes de trasladar su producción a otras sedes como Tultitlán, Estado de México. El edificio original es recordado por los vecinos como un centro de actividad constante.

La cerillera no solo destacó por sus cerillos de seguridad, sino también por marcas como “Taurina” y “Guerreros”. Cada una de estas líneas contaba con diseños específicos que reflejaban aspectos de la cultura popular y la historia. La marca del tren en la portada de la caja clásica se convirtió en el símbolo universal de la compañía, representando el progreso y la fuerza.

En la actualidad, las cajitas antiguas de La Central son buscadas por coleccionistas y entusiastas de la nostalgia mexicana. Los ejemplares que aún conservan las reproducciones de arte o que forman parte de ediciones especiales alcanzan valores significativos en mercados de antigüedades. La historia de la cerillera demuestra cómo un objeto cotidiano puede transformarse en un vehículo de identidad y cultura.

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