La Danza de los Viejitos es una de las expresiones más icónicas del folclore mexicano, originaria de la Isla de Jarácuaro en el Lago de Pátzcuaro, Michoacán. Aunque muchos la identifican por sus máscaras sonrientes y pelucas de fibra de zacate, existe un elemento fundamental que marca el ritmo y la esencia de la danza: el bastón.
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Un origen sagrado y prehispánico
Esta danza no es solo un espectáculo visual; tiene raíces profundas en los rituales prehispánicos dedicados a los dioses. El bastón no solo sirve de apoyo para la interpretación del personaje del “viejito”, sino que funciona como un instrumento de percusión que golpea el suelo para acompañar al danzante.
El secreto de la “Mulita” y el Otate
Lo que hace especial a este bastón es el material y la forma de su empuñadura:
- La Empuñadura: Se conoce como “bastón de mulita” porque la parte de donde se sujeta tiene una forma natural que asemeja la cabeza de una pequeña mula.
- El Material: Está fabricado de otate (del náhuatl otatli), una especie de caña o bambú extremadamente dura que crece en regiones montañosas y húmedas.
- Resistencia Histórica: El otate es tan resistente que, además de usarse en la danza, se utiliza desde la época prehispánica para construir paredes de “bajareque” junto con lodo y zacate.
El sonido seco y potente del otate al chocar con la tarima es lo que da vida al zapateado de los “viejitos”, recordándonos que en la cultura mexicana, incluso un objeto de apoyo es una herramienta de música e historia.






