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Conoce a las Musas Sonideras. “Si lo crees, lo creas”

Las Musas Sonideras es una colectiva integrada por 40 mujeres —de México y Estados Unidos— dedicadas a hacer bailar a la gente mediante la locución, los saludos y la selección de cumbias, salsas finas, bravas y, ¿por qué no? El Hi-NRG.

Aunque para Marisol Mendoza (la Musa Mayor), su tocaya Sol Salsita, la Chaparrita del Sabor, y Jaqueline Malagón (sonido La Dama) ser sonidera va más allá de poner música.

Se trata de crear un ambiente donde la alegría sea compartida. Una comunión hecha a través del poder de la palabra, parafraseando a la Musa Mayor, y que toca todas las fibras de las musas.

“Un sueño hecho realidad”

“Me transformo en el momento en que llego a un evento, mi piel se empieza a erizar. Es una alegría que siento, una sensación padrísima el poder generar un momento agradable… mi cara se ilumina, mis ojos brillan, mi voz cambia, mi sonrisa no para”.

Las palabras de la sonidera con más de 20 años de trayectoria y también abogada Jaqueline Malagón son el vivo reflejo de lo que pasó frente a la pista, cuando a la Dama le tocó el turno de amenizar aquella fría noche en la terraza pegadita al corazón del Zócalo.

Pero eso no es todo. Para Marisol Nava ser sonidera es un sueño hecho realidad que “me llena de adrenalina cuando estoy atrás de las tornamesas”.

Junto con La Dama, la Musa Mayor y otras mujeres de la colectiva, Sol Salsita lleva cuatro años tocando en vecindades, barrios, calles, mercados, salones de fiesta, transmisiones en internet y eventos culturales.

Si bien las raíces de esta colectiva están en lo que fue el proyecto Sonideras de Corazón —iniciado hace siete años—, lo definitivo llegó el 19 de julio de 2017, cuando las Musas tocaron por primera vez en el famosísimo Salón Candela, en la colonia Tabacalera.

Sin romantizar

“Recordar esa fecha es como cuando nace un hijo. Fuimos 10, pero sólo tocaron dos, estábamos haciendo un acto de acompañamiento. Hasta ese momento era gestora y me autonombré como promotora cultural sonidera, promoviendo el movimiento sonidero en lugares donde nunca imaginé entrar”.

Antes y después del primer baile de las Musas Sonideras, la verdad es que el camino no fue nada fácil. Marisol Mendoza nos contó que salían a volantear para que la gente le cayera a los eventos donde participaban, sin remuneración económica.

El objetivo, por aquellos tiempos, era ganar difusión, que sus nombres sonaran desde el centro hasta las periferias en Ecatepec, Pantitlán, Iztapaluca u otros estados.

En el camino, al mismo tiempo que la red de sonideras crecía, también había quienes desertaban por el tema económico o simplemente por desacuerdos en la misma colectiva.

A eso se sumó que muchas de las sonideras no contaban —y no cuentan— con el equipo necesario para poder tocar. La Musa Mayor nos lo explicó todo:

“De las 40 musas a lo mejor unas 25 tienen equipo y otras 15 sólo micros, cables o compu”.

Han tenido que ir contracorriente para poder hacerse de un lugar y un nombre, entre obstáculos como la falta de equipo, recursos, dinero, la precarización de su trabajo —porque no falta quienes piensan que esto del sonidero es un hobby—, el machismo, la misoginia y los estereotipos.

Justo por esta razón, Marisol Mendoza insistió en no caer en una especie de romantización. No. Las mujeres están en el mundo del sonidero porque tienen el derecho a las mismas oportunidades que los hombres.

Para hacerlo, la Musa Mayor tiene un esquema que lo define como “una cadena económica”.

Una manera de salir

“Te invitan a la cabina y llegas con tu voz, con toda la actitud. Hay espacios que tienen bocinas, hay quien tiene sonido y no tiene transporte, hay quien tiene transporte, pero no tiene voz”.

Y así se va haciendo el trueque, pese a los reproches que la Musa Mayor ha escuchado, estilo:“¿Cómo te atreves a llamarte sonidera si no tienes un sistema de audio, si vienes a la guerra sin fusil?” o “Que mejor se queden en su casa a lavar trastes”.

Sonideras y sonideros

La presencia de las mujeres en el sonidero no es de estos años. Si revisamos un poco la historia del sonidero en México —además de toparnos con los sitios emblemáticos como las colonias Morelos, Peñón de los Baños, mejor conocido como la Colombia Chiquita, o Tepito—, las mujeres siempre han estado ahí… aunque sus nombres no trascendieron de la misma forma que el de los hombres.

Una de las pioneras —y reconocidas— fue Guadalupe Reyes Salazar, del sonido La Socia, considerada como la primera mujer sonidera mexicana y de la Morelos.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué los sonideros cobraron una mayor importancia? La respuesta tal vez está en que en nuestro país apenas se están abriendo espacios para las mujeres, en una apuesta por la equidad de género.

Por ejemplo, según los indicadores de Ocupación y Empleo del INEGI —con corte a noviembre de 2021—, hay 58.6 millones de personas de 15 años y más consideradas como económicamente activas.

De estas, la tasa de participación de los hombres fue del 76.3% y de las mujeres 44.7%.

Esta situación se puede trasladar al mundo sonidero: cuando hay sonideros que ya cuentan con transporte, plantas de energía, pantallas, un equipo de luz y sonido, del otro lado de la moneda, hay sonideras que apenas se defienden con su equipo de audio.

Y precisamente es esta la brecha que las Musas Sonideras quieren acortar.

Abogadas, amas de casa, comerciantes y más

Desde la trinchera de Marisol Nava en Iztacalco hasta su tocaya en Tacuba.

Las musas son profesionistas, abogadas, amas de casa, comerciantes y además de todo, sonideras que se rifan en cada tocada.

Jaqueline Malagón —que al igual que la Musa Mayor con la dinastía sonido Duende, lleva la música en las venas, pues su mamá fue cantante de la Sonora Santanera y su papá colaboró con Óscar de León— concluyó que una de las metas de las Musas Sonideras es que el mundo sepa que existen, “que sabemos trabajar, que sabemos poner buena música y lo principal: que sabemos hacer bailar a la gente”.

Porque, en palabras de la Musa Mayor: “Si lo crees, lo creas”.

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