Historia de las verduras gigantes de Valle de Santiago, Guanajuato: El enigma de Don José Carmen
En la década de 1970, el estado de Guanajuato se convirtió en el epicentro de un fenómeno agrícola que desafió toda lógica científica y agronómica. En el municipio de Valle de Santiago, una zona conocida por su geografía volcánica, comenzaron a brotar de la tierra vegetales de proporciones descomunales. Coles, acelgas y cebollas alcanzaron tamaños nunca antes vistos, atrayendo la mirada de curiosos, científicos y hasta del gobierno federal. El artífice de este milagro verde no era un ingeniero agrónomo ni un científico de laboratorio, sino un hombre de campo: Don José Carmen García Martínez.
El Valle de las Siete Luminarias: Un escenario místico
El contexto geográfico de esta historia es fundamental. Valle de Santiago es famoso por las “Siete Luminarias”, un conjunto de siete cráteres volcánicos inactivos que, según se dice, están alineados con las estrellas de la Osa Mayor. Esta peculiaridad ha alimentado durante décadas leyendas sobre avistamientos de ovnis, energías cósmicas y fenómenos paranormales.

Fue en este entorno, cargado de misticismo y tierra volcánica fértil, donde Don José Carmen vivía y trabajaba. En 1973, sus parcelas empezaron a producir cosechas que parecían sacadas de un cuento de fantasía. Se reportaron coles que pesaban hasta 45 kilogramos, acelgas que alcanzaban los dos metros de altura y cebollas del tamaño de balones de fútbol. Lo más sorprendente es que estos vegetales no solo eran grandes, sino que, según los testimonios de la época, mantenían un sabor y calidad excelentes.
La intervención del gobierno y la ciencia
La noticia de las verduras gigantes corrió como pólvora. Para finales de la década, el Valle de Santiago ya era considerado un centro de investigación no oficial. La incredulidad inicial dio paso a la curiosidad científica. Expertos de la Universidad Autónoma Chapingo y de otros países acudieron al lugar para analizar la tierra, sospechando el uso de fertilizantes químicos secretos o incluso radiación.

Sin embargo, los análisis de suelo no arrojaron nada fuera de lo común. Ante el desconcierto, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (hoy SADER) decidió intervenir directamente. El gobierno le otorgó a Don José Carmen un terreno adyacente para que replicara su siembra bajo supervisión oficial, con el objetivo de descartar fraudes y entender el proceso.
El experimento fallido de los expertos
El experimento comparativo fue revelador. Se utilizaron las mismas semillas, la misma agua y la misma tierra en parcelas contiguas. Por un lado, los ingenieros agrónomos aplicaron sus conocimientos técnicos y métodos convencionales. Por el otro, Don José Carmen aplicó su método personal.

El resultado dejó perplejos a los observadores: en la parcela gestionada por los técnicos del gobierno, las verduras crecieron con tamaños normales, dentro de los estándares esperados. En cambio, en la parcela trabajada por Don José Carmen, las plantas volvieron a desarrollar el gigantismo característico. Este hecho demostró que el secreto no residía en la genética de la semilla ni en la composición química del suelo, sino en la técnica o el “toque” del agricultor.
¿Cuál era el secreto de Don José Carmen?
Aunque el video no profundiza en los detalles esotéricos, la historia popular y las entrevistas que Don José Carmen concedió en vida sugieren que su método iba más allá de la agricultura tradicional. Se habla de una supuesta comunicación telepática con las plantas, el uso de energía piramidal y la siembra basada en ciclos astrológicos precisos.

Don José Carmen afirmaba haber recibido conocimientos de “seres de otro plano” o haber descifrado códices antiguos que le enseñaron a canalizar la energía cósmica hacia los cultivos. Para él, el amor y la intención con la que se trataba a la tierra eran tan importantes como el agua y el sol.
Un legado que perdura en la memoria
Hoy en día, las fotos de Don José Carmen posando junto a sus coles gigantes son un testimonio visual impactante de aquel episodio. Aunque la producción masiva de estas verduras no continuó a gran escala ni revolucionó la agricultura mundial como algunos esperaban, el caso de las verduras gigantes de Valle de Santiago sigue siendo uno de los misterios más fascinantes del campo mexicano.

Nos recuerda que, a veces, la sabiduría empírica y la conexión profunda con la naturaleza pueden lograr resultados que la ciencia moderna, con toda su tecnología, aún no logra explicar del todo. Las Siete Luminarias guardan silencio, pero la leyenda de las verduras gigantes sigue viva en la memoria de Guanajuato.







