Trepanación inca: el uso de oro y calabaza en las cirugías craneales antiguas
La medicina en el antiguo Imperio Inca alcanzó niveles de especialización que permitieron la supervivencia de guerreros y civiles tras sufrir lesiones graves. Las investigaciones arqueológicas en la región de Cusco y otras zonas de Perú documentan la práctica de la trepanación craneal, una intervención quirúrgica que consistía en perforar el cráneo para tratar traumatismos. Esta técnica se vincula directamente con el tipo de armamento utilizado en las batallas de la época, donde el uso de mazas de piedra y porras causaba fracturas por hundimiento e inflamaciones internas.

Para resolver estas lesiones, los médicos incas desarrollaron métodos de cierre y regeneración ósea utilizando materiales como el oro y la calabaza orgánica. Estos procedimientos demuestran un conocimiento avanzado sobre la anatomía humana y la biocompatibilidad de ciertos elementos con el tejido vivo.
Las batallas incas y la necesidad de intervenciones quirúrgicas
Durante el periodo de expansión del Imperio Inca, los enfrentamientos bélicos eran frecuentes. Los guerreros utilizaban armas contundentes diseñadas para fracturar huesos. Las mazas de piedra, conocidas como macanas, generaban impactos secos en la cabeza de los oponentes. Estas heridas no solo rompían el hueso, sino que provocaban una presión intracraneal que resultaba mortal si no se drenaba o se trataba a tiempo.

Ante esta situación, los especialistas médicos, conocidos en algunas crónicas como Hampi Camayoc, realizaban perforaciones en el área afectada. El objetivo era retirar los fragmentos de hueso que presionaban el cerebro y permitir que la inflamación disminuyera. Los registros arqueológicos muestran que muchos individuos sobrevivieron a estas operaciones, ya que los cráneos presentan signos de crecimiento óseo posterior a la cirugía.
Herramientas de obsidiana y precisión en la cirugía
La ejecución de una trepanación requería herramientas con un filo extremo. Los incas utilizaban cuchillos de obsidiana, un vidrio volcánico que permite realizar cortes precisos. La técnica consistía en realizar pequeños agujeros en forma de círculo alrededor de la zona dañada. Este método permitía extraer la sección de hueso afectada sin comprometer la masa encefálica ni causar daños colaterales al paciente.

La precisión de estas herramientas era fundamental para evitar infecciones masivas. Aunque no contaban con la tecnología moderna, el uso de plantas medicinales y sustancias antisépticas naturales complementaba el trabajo manual de los cirujanos. La limpieza del área y la rapidez de la intervención eran factores determinantes para el éxito de la operación.
El uso de placas de oro como implante permanente
Una vez retirado el fragmento de hueso, el cirujano debía sellar la cavidad para proteger el cerebro. En casos donde el paciente pertenecía a una clase social alta o se buscaba una protección duradera, se utilizaban placas de oro martillado. El oro posee propiedades químicas que lo hacen biocompatible con el cuerpo humano, lo que significa que el organismo no lo rechaza como un objeto extraño.

Este metal no se oxida ni se infecta con facilidad, lo que garantizaba que la herida permaneciera sellada de forma permanente. El uso de oro en estas cirugías no solo tenía una función médica, sino que también reflejaba el estatus del individuo dentro de la estructura social del imperio. Los cráneos hallados con estas placas muestran que el tejido circundante se mantenía sano tras la colocación del metal.
La calabaza orgánica y la regeneración del hueso humano
En otros casos, los médicos incas optaban por un material orgánico: la calabaza. Este método se utilizaba cuando el objetivo era fomentar la regeneración del tejido óseo. Debido a la porosidad de la cáscara de calabaza seca, el hueso humano detectaba una estructura similar a la suya y comenzaba a crecer a través de los poros del material vegetal.

Este proceso de integración biológica permitía que el implante de calabaza se fusionara con el cráneo del paciente. Con el tiempo, el material orgánico y el hueso se volvían una sola estructura, devolviendo la integridad física a la cabeza del guerrero. Esta técnica de osteointegración es considerada por los investigadores como un antecedente temprano de los injertos óseos modernos.
Supervivencia y legado de la medicina inca
Los estudios realizados sobre cientos de cráneos trepanados indican que la tasa de éxito de estas cirugías era sorprendentemente alta, alcanzando en algunos periodos hasta un 80% de supervivencia. Esto supera los registros de cirugías similares realizadas en Europa durante la misma época. El conocimiento inca sobre la presión craneal y el uso de materiales específicos permitió que muchas personas continuaran con su vida normal tras intervenciones que hoy consideraríamos de alta complejidad.

La combinación de herramientas de piedra volcánica, metales preciosos y elementos de la naturaleza como la calabaza, sitúa a la cultura inca como un referente en la historia de la medicina mundial. Sus técnicas no solo buscaban salvar la vida en el momento del trauma, sino ofrecer soluciones a largo plazo para la salud física de sus habitantes.






