La historia de cómo Toña La Negra dejó sin palabras a Agustín Lara con su voz

Kenia Espinosa

2026-01-15

Su voz, descrita por Agustín Lara como 'prodigiosa', se convirtió en un símbolo de la música romántica en México.

Hay voces que se quedan grabadas en el corazón y que, sin importar cuántos años pasen, nos siguen transportando a momentos de amor y desamor. Una de esas voces inmortales es la de Toña La Negra, la cantante y actriz afromexicana que se convirtió en una leyenda por su manera única de interpretar el bolero.

Retrato en blanco y negro de Toña La Negra, la icónica cantante originaria del barrio de La Huaca en Veracruz. Su voz representaba la identidad y el sabor jarocho.

Su voz, descrita por el mismísimo Agustín Lara como “la voz prodigiosa”, tenía la capacidad de contar historias completas en cada canción. Era un torrente de emoción que representaba la alegría, la pasión y la nostalgia de su tierra. Recordar su vida es hacer un viaje a la Época de Oro de la música en México.

El origen en La Huaca, el corazón de Veracruz

Para entender el arte de Toña La Negra, es fundamental conocer sus raíces. Su nombre real era María Antonieta del Carmen Peregrino Álvarez y nació en el emblemático puerto de Veracruz, específicamente en el barrio de La Huaca. Este no era un lugar cualquiera; era un crisol de culturas, sonidos y tradiciones.

Toña La Negra en una escena de película de la Época de Oro. Además de cantante, fue actriz y llevó la música de Veracruz y los boleros de Agustín Lara a la pantalla grande.

La Huaca, un barrio que existe desde el siglo XIX y que fue habitado por esclavos africanos, pescadores, artesanos y músicos, vibraba con ritmos llegados desde Cuba. Desde muy joven, María Antonieta creció escuchando el danzón, el bolero y el son. Esta música se convirtió en parte de su ADN y formó la base de su estilo inconfundible. El barrio, lleno de vida y sabor, fue su primera escuela y su más grande inspiración.

El salto a la fama en la Ciudad de México

Con un talento que ya no cabía en el puerto, una joven Toña de 17 años tomó la decisión que cambiaría su vida: en 1929, se mudó a la Ciudad de México para buscar una oportunidad en la escena musical. No tuvo que esperar mucho.

Retrato de Emilio Azcárraga Vidaurreta, el magnate de las telecomunicaciones que bautizó a la cantante con el nombre artístico de 'Toña La Negra'.

El 19 de julio de ese mismo año, debutó profesionalmente en el cabaret “El Retiro”. En ese entonces, se presentaba con su apellido, como “La Peregrino”. Según se cuenta, fue en ese ambiente donde conoció a Emilio Azcárraga Vidaurreta, el magnate de las telecomunicaciones, quien al verla y escucharla, la bautizó con el nombre artístico que la haría eterna: Toña La Negra.

El encuentro que paralizó a Agustín Lara

La relación profesional más importante en la carrera de Toña La Negra fue, sin duda, la que tuvo con el compositor Agustín Lara. Aunque existen varias versiones sobre cómo se conocieron, la que ella misma narraba es digna de una película.

En un evento en homenaje al “Flaco de Oro”, Toña subió al escenario y, frente a él, interpretó la canción “Enamorada”. La leyenda cuenta que Lara se quedó completamente pasmado, anonadado y sin palabras ante la potencia y el sentimiento de su voz. El impacto fue tan grande que, casi de inmediato, el compositor escribió “Lamento Jarocho”, una canción dedicada exclusivamente para que ella la cantara.

Retrato del compositor Agustín Lara, figura clave en la carrera de Toña La Negra. La nota detalla cómo se conocieron y las canciones que él escribió para ella, como "Arráncame la vida".

Ese momento marcó el inicio de una de las mancuernas más exitosas de la música mexicana. Lara encontró en Toña a su intérprete perfecta, y ella encontró en sus letras la materia prima para brillar. De esta colaboración nacieron clásicos como “Veracruz”, “Noche Criolla”, “Oración Caribe” y la inolvidable “Arráncame la vida”.

Una voz para todos los grandes compositores

Aunque su nombre está ligado para siempre al de Agustín Lara, Toña La Negra fue una intérprete versátil que también prestó su voz a las creaciones de otros grandes compositores de la época.

En su repertorio se encuentran canciones de figuras como el puertorriqueño Rafael Hernández, el cubano Sindo Garay y el mexicano Gonzalo Curiel. Esto demuestra que su talento no se limitaba a un solo estilo, sino que tenía la capacidad de hacer suya cualquier melodía que hablara de los sentimientos profundos del alma.

Toña La Negra no era solo una cantante; era la representación de la identidad de Veracruz, un lugar lleno de alegría e historia. Con su presencia, potencia y pasión, llevaba un pedazo de su tierra a cada escenario que pisaba, tanto en México como en el extranjero. Su voz se apagó en 1982, pero su legado musical es tan fuerte que, hasta el día de hoy, nunca ha dejado de escucharse.

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