“Siembra”: La historia del disco que fue un fracaso antes de convertirse en el más vendido de la salsa
¿Sabías que el álbum más vendido en la historia de la salsa fue considerado un fracaso por la propia disquera que lo lanzó? Hablamos de “Siembra”, la obra maestra de Willie Colón y Rubén Blades publicada en 1978. Este disco no solo rompió récords de ventas, sino que cambió para siempre la forma de entender la música latina, demostrando que se podía bailar y pensar al mismo tiempo.
En una época dominada por la música disco y las letras de amor, Willie Colón y Rubén Blades se atrevieron a crear un álbum con un profundo mensaje social. Sin embargo, esta propuesta fue recibida con escepticismo. Los directivos del sello Fania Records y muchos programadores de radio lo boicotearon, argumentando que era demasiado intelectual y que la gente no quería escuchar canciones que hablaran de los problemas de la sociedad. Lo declararon un fracaso, sin imaginar que estaban ante un fenómeno cultural.
Un disco con conciencia: La salsa como crónica social
Para entender “Siembra”, hay que compararlo con álbumes como “What’s Going On” de Marvin Gaye. Así como Gaye usó el soul para reflexionar sobre la realidad de su comunidad, Blades y Colón utilizaron la salsa como un vehículo para contar las historias de Latinoamérica. Rubén Blades, un artista más inclinado a la crónica y al pensamiento crítico, ya había explorado esta veta en canciones como “El Cazanguero” y “Pablo Pueblo”.
“Siembra” fue la culminación de esa visión. El disco se alejó de la caricatura del latino siempre enfiestado para presentar una postura reflexiva. Las letras abordaban la pobreza, la superficialidad, la identidad y la necesidad de unidad entre los pueblos latinoamericanos. Era una invitación a “bailar con conciencia”, una idea revolucionaria para la época que, aunque al principio fue rechazada, terminó conectando con millones de personas que se vieron reflejadas en sus historias.
“Pedro Navaja”: El himno que nació de una ópera alemana
La canción más emblemática del álbum, “Pedro Navaja”, tiene un origen sorprendente. Es una adaptación de “Mack the Knife”, un tema de la “Ópera de los tres centavos”, creada por los alemanes Bertolt Brecht y Kurt Weill. Rubén Blades tuvo la genialidad de tomar la historia de ese bandido europeo y trasladarla a las calles de cualquier barrio latinoamericano, creando una crónica musical de más de siete minutos que se convirtió en un himno.
La disquera se opuso a que fuera tan larga, pero Willie Colón defendió la visión de Blades. El resultado fue una canción que narraba una historia completa, con un inicio, un nudo y un desenlace, algo poco común en la radio. Su éxito fue tan arrollador que demostró que el público estaba listo para escuchar algo más que un simple coro pegajoso.
Canciones que sembraron un legado
Aunque “Pedro Navaja” fue el gran éxito, todo el álbum es una joya. “Plástico” abre el disco con una introducción de música disco que funciona como una burla a la superficialidad, para luego estallar en un son montuno que critica a quienes viven de las apariencias. La letra dice “Se ven las caras, pero nunca el corazón”, una frase que sigue más vigente que nunca.
El tema que da nombre al disco, “Siembra”, es un llamado a la unidad y a la acción, con un mensaje de esperanza para las futuras generaciones. Curiosamente, una de las canciones grabadas para este álbum, “Ligia Elena”, que cuenta la historia de una joven de la alta sociedad que se enamora de un trompetista pobre, fue descartada y no vio la luz hasta el disco “El Solar de los Aburridos”.
“Siembra” no solo vendió más de 3 millones de copias, convirtiéndose en el álbum de salsa más vendido de la historia, sino que también le dio a la comunidad latina un sentido de orgullo e identidad. Demostró que la salsa podía ser un espejo de la realidad, una herramienta para la reflexión y, por supuesto, una música para gozar y bailar hasta el amanecer.






