¿Por qué hay una serpiente emplumada en la esquina de este museo de la CDMX?

Kenia Espinosa

2026-02-12

Cabeza de serpiente emplumada mexica tallada en piedra volcánica en la esquina del Museo de la Ciudad de México.

La serpiente emplumada del Museo de la Ciudad de México: Un vestigio mexica en el corazón de la capital

El Centro Histórico de la Ciudad de México alberga numerosos secretos arquitectónicos que narran la transición entre la época prehispánica y la colonial. Uno de los elementos más llamativos, aunque a menudo ignorado por los transeúntes, es una cabeza de serpiente emplumada incrustada en la base de una de las esquinas del Museo de la Ciudad de México. Esta pieza, tallada en piedra volcánica, data de la época mexica y ha permanecido visible al público durante siglos, funcionando como un testigo silencioso de la historia de Tenochtitlan.

El origen del edificio y su vínculo con Hernán Cortés

El inmueble que hoy ocupa el Museo de la Ciudad de México, ubicado en la esquina de las calles República de El Salvador y Pino Suárez, fue originalmente el palacio de los Condes de Santiago de Calimaya. La construcción fue encargada en el siglo XVI por Juan Gutiérrez Altamirano, quien era primo político del conquistador Hernán Cortés. Gutiérrez Altamirano recibió estos terrenos como parte de las mercedes otorgadas tras la caída de Tenochtitlan.

Como era común en la época, el palacio se edificó sobre los restos de estructuras prehispánicas. Los materiales de construcción de los templos y edificios mexicas fueron reutilizados para levantar las nuevas residencias coloniales. Se cree que la cabeza de serpiente emplumada ya se encontraba en el sitio, posiblemente formando parte de un basamento o templo cercano al recinto sagrado de Tenochtitlan.

El hallazgo y la decisión del arquitecto Guerrero y Torres

A pesar de que el edificio data del siglo XVI, la escultura no fue integrada a la fachada de manera intencional desde el inicio. Fue hasta finales del siglo XVIII, durante una profunda remodelación del palacio, cuando la pieza fue redescubierta. El arquitecto encargado de estos trabajos fue Francisco Guerrero y Torres, una de las figuras más prominentes de la arquitectura novohispana, responsable también de obras como la Capilla del Pocito en la Villa de Guadalupe.

Guerrero y Torres tomó la decisión de conservar la cabeza de serpiente e incrustarla en la esquina suroriental del edificio. Esta acción es considerada por historiadores como un gesto de reconocimiento al pasado indígena de la ciudad, permitiendo que un elemento de la cosmogonía mexica conviviera con la estética barroca del palacio. La pieza fue colocada a nivel de banqueta, lo que facilita que cualquier persona que camine por la zona pueda observarla de cerca.

Simbolismo de la serpiente emplumada

La serpiente emplumada, conocida como Quetzalcóatl en la cultura mexica, es una de las deidades más importantes de Mesoamérica. Representa la unión entre la tierra (la serpiente) y el cielo (las plumas), simbolizando la dualidad de la condición humana y el conocimiento. La presencia de esta escultura en una esquina tan transitada del Centro Histórico refuerza la identidad de la Ciudad de México como una urbe construida sobre capas de historia.

El Museo de la Ciudad de México es un punto de referencia para las familias que visitan el centro durante los fines de semana, y conocer la historia detrás de esta escultura añade un valor educativo y cultural a sus recorridos cotidianos.

El Museo de la Ciudad de México en la actualidad

Desde 1960, el antiguo palacio de los Condes de Santiago de Calimaya funciona como el Museo de la Ciudad de México. El recinto se dedica a la preservación y difusión de la historia de la capital, desde sus orígenes prehispánicos hasta la época contemporánea. La cabeza de serpiente emplumada es uno de los atractivos exteriores más fotografiados, sirviendo como introducción a las colecciones que se resguardan en el interior del edificio.

La conservación de esta pieza es fundamental para mantener viva la memoria histórica de la ciudad. A pesar del paso del tiempo y la exposición a los elementos ambientales y al tránsito vehicular, la escultura mantiene su forma y detalles, permitiendo apreciar la destreza de los antiguos canteros mexicas. Su ubicación en la esquina de República de El Salvador la convierte en un punto de encuentro entre el pasado y el presente de la metrópoli.

Recomendaciones para visitantes

Para quienes deseen conocer este vestigio, se recomienda realizar el recorrido a pie por la calle de Pino Suárez. La pieza se encuentra en la base del edificio, justo en la esquina. Es un excelente punto de partida para explorar otros sitios de interés cercanos, como el Templo Mayor o la Catedral Metropolitana. La entrada al museo suele tener costos accesibles y cuenta con días de acceso gratuito, lo que lo convierte en una opción ideal para el esparcimiento familiar y el aprendizaje sobre la identidad mexicana.

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