Mientras en Europa luchaban contra los piojos, las aztecas lucían un cabello increíble

Kenia Espinosa

2026-01-16

La belleza en las culturas ancestrales iba más allá del cabello, incluyendo adornos que reflejaban poder, estatus y conexión espiritual.

El Secreto Ancestral: Así cuidaban su cabello las mujeres aztecas mientras en Europa era muy diferente

El cuidado del cabello es, para muchas mujeres, un ritual diario que va más allá de la simple limpieza; es una forma de expresión, autoestima y bienestar. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo se cuidaban el cabello nuestras antepasadas? La respuesta es sorprendente y revela un profundo conocimiento de la naturaleza y un nivel de sofisticación que contrasta enormemente con lo que sucedía en otras partes del mundo en la misma época.

Mientras que en la Europa medieval las condiciones de vida a menudo llevaban a prácticas de higiene muy básicas por necesidad, en el México-Tenochtitlan de los aztecas, el cuidado personal, y en especial el del cabello, era considerado un verdadero arte y un símbolo de estatus social.

El cabello largo: Símbolo de estatus y belleza en Tenochtitlan

Para la nobleza azteca, una cabellera larga, brillante y saludable no era solo un adorno, sino una clara señal de su posición en la sociedad. Lejos de ser un problema, el cabello era un tesoro que se cuidaba con esmero a través de rutinas complejas y efectivas, basadas en ingredientes que la propia tierra les proporcionaba.

 Ilustración de tres mujeres aztecas con cabello largo y saludable en un entorno prehispánico. El cuidado del cabello era un importante ritual de belleza que reflejaba estatus.

El proceso comenzaba con la limpieza. Se mantenía el cabello impecable utilizando productos naturales. Posteriormente, se aplicaban aceites y se perfumaba con esencias extraídas de flores recolectadas al amanecer, momento en que su aroma es más intenso y puro. Flores como el cempasúchil, el chital y la orquídea de vainilla (tlilxóchitl) eran las favoritas para crear perfumes duraderos que impregnaban el cabello con una fragancia delicada.

Peines de obsidiana y mascarillas naturales: Las herramientas del ritual

Uno de los elementos más fascinantes de esta rutina de belleza eran los peines. No estaban hechos de madera o hueso, sino de obsidiana, una piedra volcánica de color negro intenso. Los artesanos tallaban y pulían finamente estos peines hasta dejarlos completamente suaves, con dientes precisos y afilados capaces de deslizarse por los mechones más gruesos sin romperlos.

Mujeres aztecas en un mercado de Tenochtitlan, mostrando su cabello largo y brillante como parte de la vida cotidiana. La belleza y la higiene eran valores importantes en la cultura prehispánica.

Antes de usarlos, un sirviente los calentaba ligeramente sobre el fuego. Este truco permitía que el peine pasara con mayor facilidad por el cabello, desenredando suavemente y distribuyendo los aceites naturales de manera uniforme. Además, para fortalecerlo y darle brillo, aplicaban mascarillas nutritivas. Mezclas de arcilla y miel fortalecían las raíces, mientras que diversas hierbas fragantes se trituraban en metates para crear pastas que aportaban brillo y una textura sedosa.

El peinado era el toque final. El cabello se adornaba con cintas de colores, cuentas de jade y pequeñas plumas, y cada estilo tenía un significado, indicando el rango social de la mujer y la ocasión para la que se preparaba, ya fuera una ceremonia religiosa o un evento cotidiano.

Un contraste con la Europa medieval

Al mismo tiempo, del otro lado del Atlántico, la realidad era muy distinta. En las ciudades europeas, a menudo hacinadas y con hábitos de higiene diferentes a los actuales, la propagación de piojos y otras enfermedades era un problema constante. Por esta razón, muchas familias optaban por cortar el cabello muy corto, especialmente el de los niños, como una medida práctica para mantener la higiene y evitar infestaciones.

Escena de un mercado prehispánico donde mujeres aztecas interactúan. Sus cabellos largos y sanos, junto con sus vestimentas coloridas, ilustran una sociedad próspera donde el cuidado del cabello era una práctica cultural valorada.

Los peines eran objetos rudimentarios, fabricados con madera o hueso sin pulir, que con frecuencia se enganchaban en el cabello y lo rompían. Además, era común que un solo peine fuera compartido por toda la familia sin limpiarse. Para ocultar el aspecto y el olor del cabello, la mayoría de las personas, sobre todo las de clases bajas, cubrían sus cabezas con pañuelos, cofias o gorros pesados.

 Ilustración de mujeres europeas en la época medieval con cabello corto y descuidado, rascándose la cabeza. El cabello corto era una medida de higiene para combatir los piojos.

Este contraste no busca emitir un juicio, sino mostrar cómo dos culturas, en un mismo periodo histórico, desarrollaron prácticas completamente diferentes basadas en su entorno, sus conocimientos y sus valores. Mientras en un lugar el cabello se ocultaba por necesidad, en Tenochtitlan se celebraba como una obra de arte, un reflejo de la conexión profunda que el pueblo azteca tenía con la naturaleza y el cuidado del cuerpo.

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