Biografía de Rita Fernández Padilla: Autora de “Sombra perdida” y pionera del vallenato
En el mundo del vallenato, existen canciones que trascienden el tiempo y se convierten en himnos sentimentales. Una de ellas es “Sombra perdida”, un tema que muchos asocian inmediatamente con la voz de Rafael Orozco y el Binomio de Oro, quienes la popularizaron en la década de los 80. Sin embargo, la pluma detrás de esta poesía hecha canción no pertenece a un juglar masculino, sino a una mujer que desafió las convenciones de su época: Rita Fernández Padilla.
La eterna juglaresa de Santa Marta
Nacida en Santa Marta en 1948, pero adoptada de corazón por Valledupar, Rita Fernández Padilla es una figura fundamental en la historia de la música colombiana. Con más de 100 composiciones en su haber, su talento se manifestó desde muy joven. A los 20 años, no solo escribía versos, sino que también lideraba una revolución cultural silenciosa pero potente.
Su obra se caracteriza por una sensibilidad única que combina la tradición costumbrista del vallenato con una profundidad emocional que rompe esquemas. Canciones como “Sombra perdida” son descritas por expertos y fanáticos como “pura poesía”, capaces de evocar la tristeza más profunda con una belleza lírica inigualable.
“Las Universitarias”: Rompiendo barreras en 1968
En un contexto social donde el vallenato era un territorio casi exclusivamente masculino, Rita Fernández tuvo la audacia de fundar “Las Universitarias”. Este grupo, conformado por seis jóvenes mujeres —cinco de ellas amigas del colegio—, se convirtió en el primer conjunto vallenato exclusivamente femenino.
Su debut no pudo ser más emblemático: se presentaron en la primera edición del Festival de la Leyenda Vallenata en 1968. Imaginemos la escena: seis muchachas tocando acordeón, caja y guacharaca frente a un público acostumbrado a ver solo hombres en la tarima. Lejos de ser rechazadas, su presentación fue catalogada como “la presentación de su vida”, abriéndoles las puertas para viajar y firmar contratos de grabación.
El machismo como obstáculo
A pesar del éxito inicial y el talento innegable, el camino de “Las Universitarias” se vio truncado por las presiones sociales de la época. El vallenato, originado en una sociedad patriarcal, imponía roles estrictos. La creencia generalizada era que “la mujer era para la casa y para la cocina”, no para andar de gira o en parrandas.
Muchas de las integrantes se vieron obligadas a abandonar el grupo al casarse, pues sus esposos y familias consideraban inapropiada su participación en la música pública. Este fenómeno de “sueño esfumado” por presiones machistas es un recordatorio de las barreras que las mujeres han tenido que enfrentar para ejercer su libertad artística.
Una pluma que desafía estereotipos
Afortunadamente, Rita Fernández persistió. Continuó escribiendo y tocando, utilizando su arte para redefinir la identidad femenina en el vallenato. Sus letras no se limitan a ser musas pasivas; sus protagonistas piensan, sienten, gozan y se enuncian como sujetos activos.
En canciones como “Tierra blanda”, Rita utiliza metáforas poderosas para invertir los roles tradicionales de fuerza y debilidad. Describe al hombre como una “montaña imponente” que, sin embargo, no resiste el “fuerte aguacero” de una mujer herida. Esta sutileza poética le permite cuestionar paradigmas sexistas sin perder la esencia lírica del folclor.
El legado vivo en Valledupar
Hoy en día, Rita Fernández Padilla reside en Valledupar, donde sigue siendo una fuente viva de creatividad y memoria. Su legado va más allá de las canciones; representa la lucha por el reconocimiento de la mujer en la música vallenata. Cada vez que suena un verso suyo, se abre un camino para las nuevas generaciones de compositoras e intérpretes.
Es fundamental reconocer que muchas veces hemos cantado vallenatos sin saber que fueron escritos por ella. Visibilizar su nombre y su historia es un acto de justicia cultural. Rita Fernández nos enseñó que las mujeres en el vallenato no están solo para ser cantadas, sino para cantar y contar su propia historia con voz propia y acordeón en mano.






