¿Por qué arrullamos y besamos al Niño Dios en Navidad? El significado de la tradición más tierna
Llega la medianoche del 24 de diciembre. Después de pedir posada y romper la piñata, la familia y los vecinos se reúnen en torno al Nacimiento. Es el momento más esperado y emotivo de la noche: alguien toma la figura del Niño Dios, la coloca en un pañuelo o rebozo y comienza a mecerla mientras todos cantan “A la ruru niño, a la ruru ya…”.
Este acto, conocido como “arrullar al Niño Dios”, es una de las tradiciones más entrañables de la Navidad mexicana. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué significa realmente y por qué después todos hacen una fila para besarlo? No es solo una costumbre, es un gesto cargado de simbolismo, fe y mucho cariño familiar.
¿Qué significa “arrullar” al Niño Dios?
Arrullar, en su sentido más simple, es cantar una canción de cuna a un bebé para que se duerma. Cuando lo hacemos con la figura del Niño Dios, el significado se vuelve más profundo. No estamos viendo una simple imagen de cerámica o madera, sino que simbólicamente estamos recibiendo al recién nacido en nuestro hogar.

Este ritual es un acto de ternura y bienvenida. Al mecerlo y cantarle, la comunidad le está dando el calor de hogar que, según la historia, no tuvo al nacer en un pesebre. Es una forma de decirle: “Aquí te cuidamos, aquí te queremos, eres bienvenido en esta casa y en esta familia”. Es reconocer su lado más humano y vulnerable, el de un bebé que necesita cuidado y amor.
El beso al Niño Dios: Un acto de fe y devoción personal
Después del arrullo, viene el siguiente momento clave: la figura pasa de mano en mano o se coloca en un lugar especial para que cada persona presente se acerque a darle un beso. Este gesto es mucho más que un simple beso; es una señal de respeto, devoción y aceptación personal.

- Aceptación: Besar al Niño Dios simboliza que aceptas a Jesús en tu vida y en tu corazón. Es una renovación personal de la fe en el momento justo de su nacimiento.
- Reverencia: Es una muestra de respeto a lo sagrado, reconociendo la importancia del momento que se está celebrando.
- Petición y Agradecimiento: Para muchas personas, ese breve instante es una oportunidad para hacer una petición en silencio, pedir por la salud de la familia o simplemente agradecer por las bendiciones recibidas durante el año.
Es un momento íntimo, de reflexión personal en medio de la fiesta y la convivencia.
Una tradición que une a la familia y a los vecinos
Aunque tiene un origen profundamente religioso, introducido por los frailes evangelizadores hace siglos, el arrullo del Niño Dios se ha convertido en un pilar de la cultura y la convivencia en México. Es el evento que marca la culminación de las posadas y el inicio oficial de la celebración de la Nochebuena.

En muchas familias, la figura del Niño Dios es una herencia que pasa de generación en generación, acumulando las historias y la fe de abuelos, padres e hijos. Además, esta tradición fortalece los lazos comunitarios. A menudo, se nombran “padrinos” del Niño, quienes son los encargados de arrullarlo, vestirlo y, más tarde, llevarlo a bendecir a la iglesia el 2 de febrero, Día de la Candelaria, cumpliendo su compromiso con los tamales.
Así, un simple acto de mecer una figura se transforma en un evento que refuerza la identidad del barrio, la unidad familiar y la transmisión de valores de una generación a otra.
El corazón de la Nochebuena
La próxima vez que te encuentres en medio del canto “duérmete, niño lindo, en los brazos del amor”, sabrás que estás participando en mucho más que una costumbre. Estás siendo parte de un acto colectivo de amor, fe y bienvenida que representa el verdadero corazón de la Navidad en miles de hogares mexicanos. Es la tradición que nos recuerda la importancia del cariño, la humildad y la unión familiar.






