Año Nuevo: ¿Por qué estos 3 propósitos casi nunca los cumplimos?

Kenia Espinosa

2026-01-03

No te desanimes si un día fallas; la constancia es más importante que la perfección para cumplir tus objetivos.

Año Nuevo, ¿propósitos viejos? Los 3 deseos que se esfuman con la Rosca de Reyes

Llegan las 12 uvas, los abrazos y esa sensación de que ahora sí, este año va a ser el bueno. Con toda la emoción, hacemos una lista de propósitos: bajar de peso, dejar de deberle a la tanda, aprender a bailar esa salsa que tanto nos gusta. Pero seamos sinceros, muchas veces esa motivación se acaba junto con el recalentado y para cuando llega la “cuesta de enero”, varios de esos propósitos ya están guardados en un cajón.

No te sientas mal, es algo que le pasa a muchísima gente. Estudios, como uno publicado por la Universidad de Scranton, sugieren que un alto porcentaje de las personas abandona sus resoluciones de Año Nuevo muy pronto. El problema no eres tú, sino que a veces nos ponemos metas muy grandes y poco realistas. Aquí te contamos cuáles son los 3 propósitos que más se abandonan y por qué.

1. Inscribirse al gimnasio (y jurar que ahora sí irás diario)

Es el clásico de los clásicos. Enero es el mes en que los gimnasios se llenan de caras nuevas con toda la actitud. Pero conforme pasan los días, el cansancio del trabajo, las tareas de la casa y los niños hacen que esa energía inicial desaparezca.

¿Por qué falla? Porque queremos resultados de un día para otro. Pasamos de no hacer nada a querer ir dos horas diarias, nos duele todo el cuerpo y al no ver cambios inmediatos en la báscula, nos desanimamos. Además, la mensualidad del gym puede ser un gasto fuerte, sobre todo en enero.

Una mejor idea: En lugar de pensar en “ir al gimnasio”, piensa en “moverte más”. Puedes empezar con metas pequeñas: caminar 20 minutos al día, bajarte una parada antes del microbús o ponerte a bailar en la sala con las cumbias de la radio. Son cambios chiquitos que puedes mantener y que, poco a poco, te darán más energía.

2. Ahorrar un dineral (después de gastar hasta lo que no tenías)

Después de los gastos de Navidad, Reyes y las fiestas, la cartera queda temblando. Es normal que uno de los principales propósitos sea “ahora sí voy a ahorrar”. Nos proponemos guardar una cantidad fija cada quincena, pero la realidad de los pagos, las deudas y los imprevistos nos golpea.

¿Por qué falla? Porque nos ponemos metas de ahorro muy altas y poco flexibles. Cuando surge un gasto inesperado, como la compostura de la lavadora o una medicina, sentimos que ya fallamos y abandonamos el plan por completo. Querer ahorrar mucho de un jalón nos hace sentir que nos estamos privando de todo.

Una mejor idea: Empieza con el “ahorro hormiga”. Guarda las monedas de 10 pesos que te sobren en una botella o alcancía. Fija una meta muy pequeña, como ahorrar 50 pesos a la semana. Cuando logres esa meta, te sentirás bien y querrás seguir. El chiste es crear el hábito, no juntar una fortuna en un mes.

3. Aprender algo nuevo (como inglés o a tocar la guitarra)

El deseo de superarnos es muy poderoso. Nos imaginamos hablando inglés fluidamente o tocando las canciones de nuestros artistas favoritos en una reunión familiar. Compramos el curso en línea o el cuaderno nuevo, pero la vida cotidiana se interpone.

¿Por qué falla? Porque subestimamos el tiempo y el esfuerzo que requiere aprender una nueva habilidad. Creemos que con una hora a la semana será suficiente, pero se necesita constancia. Entre el trabajo, la familia y los quehaceres, encontrar ese tiempo se vuelve una misión imposible y la frustración nos hace abandonar.

Una mejor idea: Divide esa gran meta en pedacitos. En lugar de “aprender inglés”, tu propósito puede ser “aprender 5 palabras nuevas cada semana”. En vez de “ser un experto en la guitarra”, empieza con “practicar 10 minutos tres veces por semana”. Usar aplicaciones gratuitas o videos en YouTube puede ser un buen comienzo sin la presión de un curso formal.

El secreto para que los propósitos funcionen no es tener una fuerza de voluntad de acero, sino ponerse metas chiquitas, específicas y realistas. Es mejor avanzar a pasitos de bebé que dar un gran salto y quedarse a la mitad del camino. ¡Este año, que tus propósitos sí se cumplan!

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