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La explicación científica tras la fuerza de los terremotos en Venezuela

Kenia Mayran

2026-06-25

Imagen Nota Sabrosa

La actividad sísmica registrada este 24 de junio de 2026 en el oriente de Venezuela reabre el análisis sobre la vulnerabilidad del territorio ante eventos telúricos. Los especialistas explican que los terremotos en esta región liberan en pocos segundos la energía tectónica que las placas han acumulado durante décadas o incluso siglos.

Venezuela se ubica en una zona de interacción compleja entre la Placa del Caribe y la Placa de América del Sur. Este contacto genera un sistema de fallas que atraviesa el país de oeste a este, siendo las responsables de los movimientos de gran magnitud que afectan a las zonas más pobladas de la nación.

La acumulación de energía en las fallas de El Pilar y San Sebastián

El sistema de fallas principal se divide en tres segmentos: Boconó, San Sebastián y El Pilar. Estas estructuras geológicas se desplazan a una velocidad promedio de pocos milímetros por año. Aunque el movimiento parece mínimo, la fricción entre las rocas impide un desplazamiento fluido, lo que provoca una acumulación de tensión elástica.

Cuando la resistencia de las rocas se rompe, la energía se libera de forma súbita. Según datos de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), un sismo de magnitud superior a 6.0 puede representar el desplazamiento de bloques de tierra que estuvieron “trabados” por más de 100 años. Esta liberación repentina es lo que genera las ondas destructivas.

Factores que aumentan la destructividad de los sismos

La destructividad de un terremoto en Venezuela no depende únicamente de su magnitud. La profundidad del hipocentro y el tipo de suelo son determinantes. En el caso del sismo de este miercoles, la profundidad de 85 kilómetros permitió que las ondas viajaran a mayores distancias, afectando a varios estados simultáneamente.

Otro factor crítico es la densidad poblacional sobre las líneas de falla. Ciudades como Caracas, Cumaná y Valencia se encuentran asentadas directamente sobre o muy cerca de estos sistemas. El Censo de Población indica que más del 80% de los venezolanos reside en zonas de alto riesgo sísmico, lo que eleva el potencial de daños materiales.

El historial sísmico y la memoria de las rocas

La historia geológica de Venezuela registra eventos de gran impacto, como el terremoto de Caracas en 1967 o el de Cariaco en 1997. Estos antecedentes demuestran que la liberación de energía ocurre de manera cíclica. Los científicos utilizan estos datos para mapear las zonas donde la energía aún no se ha liberado, denominadas “lagunas sísmicas”.

El oriente del país, específicamente el estado Sucre, es una de las regiones con mayor recurrencia. La falla de El Pilar es una de las más activas del Caribe. Los estudios de Funvisis publicados en años recientes subrayan que la preparación ciudadana y el cumplimiento de las normas de construcción son las únicas herramientas para mitigar el impacto de estos fenómenos naturales.

La importancia del monitoreo y la prevención

El monitoreo constante a través de la Red Sismológica Nacional permite identificar microsismos que, aunque imperceptibles para la población, indican el estado de tensión de las fallas. La tecnología actual permite procesar estos datos en tiempo real para emitir alertas tempranas y coordinar las labores de Protección Civil.

La ciencia sismológica en Venezuela insiste en que los terremotos no se pueden predecir, pero su comportamiento es estudiable. La comprensión de cómo la energía tectónica se transforma en movimiento permite a las autoridades diseñar mejores planes de evacuación y fortalecer la infraestructura crítica ante futuros eventos de gran magnitud.

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