Cada primer viernes de junio el mundo voltea a ver a uno de los postres más populares del planeta. Aunque hoy parece una fecha comercial, este día nació de un profundo sentimiento de gratitud y patriotismo. Detrás de este pan dulce se esconde una historia de valentía en los campos de batalla europeos.
Las Donut Lassies: Heroínas de la Primera Guerra Mundial
En 1917, durante la Primera Guerra Mundial, el Ejército de Salvación envió un contingente de voluntarias a las líneas de batalla en Francia. Estas mujeres, conocidas como “Donut Lassies”, tenían la misión de brindar apoyo moral y espiritual a los soldados estadounidenses. Pronto descubrieron que los soldados extrañaban desesperadamente la comida de sus hogares en América.
Debido a la escasez de recursos y las precarias condiciones de las trincheras, las voluntarias tuvieron que improvisar. Utilizando cascos militares como sartenes y herramientas limitadas, comenzaron a freír las primeras donas para las tropas. El aroma del pan recién hecho se convirtió en un símbolo de esperanza en medio de la crudeza del conflicto.
El origen oficial de la celebración en 1938
Veintiún años después del fin de la guerra, en 1938, la ciudad de Chicago revivió oficialmente este emotivo recuerdo. El Ejército de Salvación creó el Día Nacional de la Dona en plena época de la Gran Depresión estadounidense. La iniciativa nació con el doble propósito de recaudar fondos para los ciudadanos afectados por la crisis económica.
El segundo objetivo, y el más importante, era rendir un homenaje perpetuo a las valientes “Donut Lassies” de 1917. Aquellos soldados que regresaron de Europa jamás olvidaron el consuelo que una simple dona les brindó en el frente. Lo que comenzó como un agradecimiento militar, cruzó fronteras hasta convertirse en el fenómeno cultural que conocemos hoy.






