No creerás de dónde vienen las palomitas que comes en el cine

Kenia Espinosa

2026-01-18

La próxima vez que pidas unas, recuerda que estás comiendo un pedacito de la historia de México. ¡Provecho!

El origen de las palomitas: La botana mexicana que conquistó el mundo

Comadre, cierra los ojos un momento. Imagina que estás entrando a una sala de cine. ¿Qué es lo primero que hueles? ¡Exacto! Ese aroma inconfundible a mantequilla y maíz recién tronado. Las palomitas son la pareja inseparable de una buena película, el consuelo en una tarde de series y la botana perfecta para el chismecito. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde salió esta maravilla?

La respuesta te va a llenar de orgullo: esta delicia es más mexicana que el nopal. Su historia es un viaje increíble que empieza hace miles de años en nuestras tierras, mucho antes de que existieran las películas o los microondas. Así que la próxima vez que agarres un puño de palomitas, recuerda que no solo estás comiendo una botana, sino un pedacito de historia.

Un tesoro ancestral: La ofrenda de los dioses

La historia de las palomitas de maíz no comenzó en una feria ni en un cine, sino en el corazón del México prehispánico. Arqueólogos han encontrado evidencia de palomitas en cuevas de Tehuacán, Puebla, que datan de hace más de 5,000 años. ¡Imagínate! Nuestros antepasados ya disfrutaban de esta botana mucho antes de la llegada de los españoles.

Pero para ellos, las palomitas, o momochtli en náhuatl, eran mucho más que un simple antojo. Las usaban en ceremonias religiosas importantes. Los aztecas, por ejemplo, adornaban los altares de sus dioses, como Tláloc (dios de la lluvia), con guirnaldas y collares hechos de palomitas. Creían que representaban la abundancia y eran un tributo sagrado. Las doncellas también las usaban como tocados en sus cabezas durante las danzas ceremoniales. Así que, en sus inicios, las palomitas eran un alimento ceremonial y un adorno sagrado.

La máquina que lo cambió todo: De la calle al espectáculo

Demos un salto en el tiempo hasta el siglo XIX en Estados Unidos. Las palomitas ya se conocían, pero se preparaban en casa de forma rudimentaria. Todo cambió en 1885 gracias a un hombre llamado Charles Cretors. Él inventó la primera máquina de vapor comercial para hacer palomitas. Era un carrito rojo, brillante y ruidoso que no solo tronaba el maíz a la perfección, sino que también lo bañaba en mantequilla derretida.

Este invento fue una revolución. De repente, las palomitas salieron de las cocinas y se tomaron las calles. Los vendedores con sus carritos se instalaron en ferias, circos, parques y eventos deportivos. Eran una botana barata, fácil de hacer y deliciosa. El olor que desprendían las máquinas de Cretors era la mejor publicidad y la gente no podía resistirse. Las palomitas se convirtieron en la botana popular por excelencia.

El héroe inesperado que salvó al cine

Aquí viene la parte más curiosa de la historia. ¿Sabías que al principio los cines no querían saber nada de las palomitas? A principios del siglo XX, las salas de cine querían ser lugares elegantes, como los teatros, con alfombras lujosas y butacas de terciopelo. Consideraban que las palomitas eran una botana ruidosa, sucia y de “baja categoría”, más propia de un circo.

Pero todo cambió con la Gran Depresión en la década de 1930. La gente tenía muy poco dinero para lujos, pero ir al cine seguía siendo un escape accesible. Y las palomitas eran el único “lujo” que la mayoría podía permitirse, pues una bolsa costaba apenas unos centavos. Los dueños de los cines se dieron cuenta de que, aunque la entrada a la película les dejaba poca ganancia, la venta de palomitas era un negocio redondo. ¡El margen de ganancia era altísimo! Así, las palomitas no solo entraron al cine, sino que prácticamente lo salvaron de la quiebra.

De ahí, la historia ya la conocemos. Con la llegada de la televisión, las ventas en el cine bajaron, pero la industria se reinventó con las palomitas para microondas, llevando la experiencia del cine a la sala de nuestra casa. Así que la próxima vez que prepares una bolsa, recuerda su largo y sabroso viaje: de ser una ofrenda sagrada en el México antiguo, a convertirse en la estrella que salvó a Hollywood.

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