¿Conoces sus pinturas? La increíble historia de Leonora Carrington y cómo México la salvó

Kenia Espinosa

2026-01-24

Retrato de una Leonora Carrington mayor, con una de sus pinturas surrealistas de fondo. La artista vivió y creó en México por casi 70 años.

En el mundo del arte hay figuras cuyas vidas son tan complejas y fascinantes como las obras que crearon. Una de ellas es Leonora Carrington, una artista que no solo pintó mundos llenos de bestias mágicas y escenarios de ensueño, sino que vivió una historia de rebeldía, dolor y renacimiento que la trajo hasta México, el país que se convirtió en su verdadero hogar.

Sus cuadros, llenos de simbolismo, mitología y seres fantásticos, son la puerta de entrada a un universo personal que se forjó a través de experiencias que desafiaron su cordura y fortalecieron su espíritu. Para entender su arte, es necesario conocer la vida de la mujer que se atrevió a pintar sus propios demonios y a convertirlos en magia.

Una Rebeldía desde la Infancia

Leonora Carrington nació en 1917 en Lancashire, Inglaterra, en el seno de una familia adinerada y conservadora. Desde muy joven, mostró un carácter rebelde que chocaba con las estrictas normas de la alta sociedad británica. Su padre, un industrial autoritario, esperaba que se convirtiera en una dama de sociedad, pero Leonora tenía otros planes.

Retrato en blanco y negro de la joven artista surrealista Leonora Carrington. Su vida de rebeldía y superación la llevó a convertirse en una leyenda del arte en México.

Su imaginación desbordante y su rechazo a las convenciones la llevaron a ser expulsada de varios internados religiosos. No le interesaban las lecciones de etiqueta, sino los cuentos de hadas, la mitología celta y los mundos fantásticos que leía y dibujaba en secreto. Esta rebeldía fue el primer indicio de una vida dedicada a romper moldes.

París, el Surrealismo y el Inicio de la Guerra

A los 19 años, en contra de los deseos de su familia, Leonora se mudó a París para estudiar arte. Allí conoció al pintor surrealista Max Ernst, 26 años mayor que ella, con quien inició una intensa relación personal y artística. A su lado, se sumergió en el círculo surrealista parisino, donde convivió con figuras como André Breton, Salvador Dalí y Pablo Picasso.

Retrato en blanco y negro del pintor surrealista Max Ernst, figura clave en la vida de Leonora Carrington y en el movimiento surrealista europeo.

Este fue un período de gran creatividad para ella, donde comenzó a desarrollar su estilo único. Sin embargo, esta etapa se vio truncada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En 1939, Max Ernst, por ser ciudadano alemán, fue arrestado y enviado a un campo de concentración. Este evento devastó a Leonora y marcó el inicio de un oscuro capítulo en su vida.

El Descenso a la Locura: El Internamiento en España

Angustiada y sola, Leonora huyó a España. El trauma de la separación y el miedo a la guerra le provocaron una grave crisis nerviosa. Al encontrarla en un estado de confusión, su padre, en lugar de ayudarla, aprovechó la situación para controlarla. Con la ayuda de médicos, la internó contra su voluntad en un hospital psiquiátrico en Santander.

Pintura surrealista de Leonora Carrington que muestra figuras fantásticas y paisajes oníricos, reflejando temas de exilio, magia y transformación personal.

Durante meses, fue sometida a tratamientos brutales, incluyendo terapias de electrochoque y potentes fármacos que la mantenían sedada. Los médicos la diagnosticaron con “irremediable locura”. Esta experiencia, que ella misma describiría más tarde como una tortura, se convertiría en una fuente de inspiración para muchas de sus obras, donde explora los límites de la razón y la fragilidad de la mente humana.

México como Refugio y Renacimiento

En un descuido de sus cuidadores durante un traslado, Leonora logró escapar. Buscó refugio en la embajada de México en Lisboa, donde se encontró con el diplomático y escritor Renato Leduc, un amigo de Picasso. Para ayudarla a obtener documentos y salir de Europa, Leduc le propuso matrimonio. Juntos, viajaron a Nueva York y, finalmente, en 1942, llegaron a la Ciudad de México.

Famoso autorretrato de Leonora Carrington, 'Inn of the Dawn Horse', donde aparece junto a una hiena, simbolizando su naturaleza rebelde y salvaje.

En México, Leonora encontró la libertad y la paz que tanto necesitaba. Se divorció amistosamente de Leduc y se integró a un círculo de artistas e intelectuales exiliados, como Remedios Varo y Kati Horna, con quienes formó una profunda amistad. En este país, pudo recuperarse, volver a pintar y criar a su familia. México no solo fue su hogar durante casi 70 años, sino el lugar donde su genio creativo floreció sin ataduras.

El Legado en sus Obras: Un Universo Propio

La obra de Leonora Carrington es un reflejo directo de su vida. Sus pinturas están pobladas por figuras híbridas, animales sabios, diosas antiguas y escenas de alquimia y brujería. A través de su arte, exploró temas como la libertad femenina, la conexión con la naturaleza y la crítica al poder patriarcal que intentó someterla.

Pintura de Leonora Carrington que muestra una escena mística con un ganso gigante y figuras enmascaradas, explorando la alquimia y lo ritual.

Lejos de ser solo fantasías, sus cuadros son un testimonio de su viaje interior. Son la prueba de que una mujer que fue llamada “loca” por una sociedad que no la entendía, fue capaz de transformar su dolor en un legado artístico que hoy es admirado en todo el mundo. Leonora Carrington no solo fue una de las más grandes exponentes del surrealismo, sino un ejemplo de cómo el arte puede ser el refugio más poderoso del alma.

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