El origen de las jacarandas en la CDMX: La historia de Tatsugoro Matsumoto y el color violeta de la capital
La Ciudad de México experimenta una transformación visual cada año durante los meses de febrero, marzo y abril. El color violeta de las jacarandas cubre las avenidas principales y los barrios históricos, convirtiéndose en un referente del paisaje urbano. Aunque este árbol se asocia directamente con la identidad de la capital mexicana, su presencia en el país responde a una decisión técnica y botánica tomada a principios del siglo XX por un inmigrante japonés y un presidente de la República.
Tatsugoro Matsumoto y el diseño de los jardines en la capital
La introducción de la jacaranda (Jacaranda mimosifolia) en la Ciudad de México se atribuye a Tatsugoro Matsumoto, un maestro jardinero de origen japonés que llegó al país a finales del siglo XIX. Matsumoto poseía conocimientos avanzados en el diseño de jardines imperiales y se estableció en México tras trabajar en proyectos de paisajismo en Sudamérica. Durante el periodo conocido como el Porfiriato, Matsumoto recibió el encargo de cuidar los jardines del Castillo de Chapultepec y de diversas residencias de la élite en colonias como la Roma y la Condesa.

El jardinero japonés observó que el clima de la cuenca de México presentaba condiciones favorables para ciertas especies sudamericanas. La jacaranda, originaria de regiones de Brasil, Argentina y Paraguay, demostró una capacidad de adaptación superior a otras especies ornamentales de la época. Matsumoto comenzó a reproducir estos árboles en sus viveros, integrándolos gradualmente en los proyectos de urbanización que buscaban modernizar la imagen de la ciudad.
La propuesta de Pascual Ortiz Rubio y el rechazo de los cerezos japoneses
Un punto de inflexión en la historia de las jacarandas ocurrió durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio (1930-1932). El gobierno mexicano buscaba fortalecer los lazos diplomáticos con Japón y surgió la iniciativa de plantar cerezos japoneses, conocidos como Sakura, en las avenidas más importantes de la Ciudad de México, emulando el paisaje de ciudades como Washington D.C. en Estados Unidos.

El presidente Ortiz Rubio consultó a Tatsugoro Matsumoto sobre la viabilidad de este proyecto. Tras un análisis técnico del suelo y las variaciones de temperatura en la capital, Matsumoto explicó que los cerezos no prosperarían en la Ciudad de México. El árbol de cerezo requiere un cambio de estación marcado, con inviernos fríos y primaveras húmedas, condiciones que el clima templado y seco de la capital mexicana no ofrecía de manera constante. En su lugar, el jardinero propuso la plantación masiva de jacarandas, argumentando que su floración coincidiría con el inicio de la primavera y aportaría un color distintivo sin los riesgos de mantenimiento de los cerezos.
Distribución de las jacarandas en las alcaldías de la CDMX
La recomendación de Matsumoto fue aceptada y el gobierno inició la plantación de jacarandas en arterias viales como el Paseo de la Reforma, la Avenida Insurgentes y los alrededores del Palacio de Bellas Artes. Con el paso de las décadas, la especie se extendió hacia otras zonas de la zona metropolitana.

La estructura del árbol, que puede alcanzar hasta 20 metros de altura, proporciona sombra y contribuye a la regulación de la temperatura en entornos urbanos densamente poblados. La caída de las flores crea alfombras de color violeta en las banquetas.
Impacto ambiental y cultural en la zona metropolitana
Más allá de su función estética, la jacaranda desempeña un papel en el ecosistema urbano. Estos árboles capturan dióxido de carbono y funcionan como refugio para diversas especies de aves y polinizadores locales. La resistencia de la especie a la contaminación atmosférica de la Ciudad de México ha permitido su permanencia a pesar del crecimiento de la infraestructura vial y el aumento del parque vehicular.

La historia de Matsumoto y su decisión de priorizar la jacaranda sobre el cerezo japonés se transmite como un dato de interés general que explica la fisonomía actual de la capital.

Las investigaciones botánicas actuales continúan monitoreando la salud de estos ejemplares, ya que algunos enfrentan plagas o enfermedades relacionadas con la edad y el estrés urbano. Sin embargo, la jacaranda se mantiene como el icono botánico más relevante de la primavera en la Ciudad de México, consolidando el legado de Tatsugoro Matsumoto en el diseño del espacio público.






