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El inesperado origen de la lucha libre: Llegó a México durante la intervención francesa

Kenia Espinosa

2026-04-21

Luchador enmascarado realizando un vuelo desde las cuerdas contra su oponente en una función histórica de lucha libre mexicana.

La lucha libre representa uno de los pilares de la cultura popular en México, aunque su origen se remonta a influencias extranjeras. Las primeras demostraciones de lucha olímpica y grecorromana en territorio nacional ocurrieron en 1863, durante la intervención francesa. Estos encuentros tuvieron como escenario el Palacio de Buenavista, sitio que actualmente alberga el Museo Nacional de San Carlos.

A principios del siglo XX, promotores europeos como Giovanni Relesevich y Antonio Fornier intentaron consolidar el espectáculo en el país. Sin embargo, el interés masivo de la población tardó en manifestarse. Fue hasta 1922 cuando medios como El Universal Ilustrado destacaron la disciplina como una alternativa deportiva frente a la violencia de la época, sentando las bases para su formalización.

Salvador Lutteroth y la fundación de la empresa mexicana de lucha libre

En 1931, Carlos Lavergne y Jimmy Fitness realizaron el primer intento formal de organizar funciones en la Arena Nacional, hoy conocida como el Palacio Chino. No obstante, el impulso definitivo llegó con Salvador Lutteroth, considerado el padre de la lucha libre mexicana. Lutteroth fundó la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL), organización que actualmente opera bajo el nombre de Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL).

Las funciones iniciales ocurrieron en la Arena Modelo, un recinto con capacidad para recibir entre 3,000 y 5,000 aficionados. En ese periodo, el costo de los boletos oscilaba entre los 50 centavos y los 2 pesos. El cartel de la época integraba a figuras internacionales como Cyclone Mackey y el atleta asiático Chino Achu, junto al referente mexicano Yaqui Joe.

Evolución de las arenas y el impacto de la máscara en el ring

La infraestructura del deporte evolucionó con la inauguración de la Arena Coliseo en 1943, conocida como el “Embudo de Perú 77”. Este recinto permitió albergar a más de 5,000 personas. Posteriormente, en 1956, abrió sus puertas la Arena México en la colonia Doctores, con una capacidad superior a los 16,000 espectadores, consolidándose como la sede principal de las funciones estelares.

Un elemento determinante en la identidad de este deporte fue la introducción de la incógnita. El personaje de “La Maravilla Enmascarada” inició la tradición del uso de la máscara, aportando un componente de misterio al espectáculo. Esta innovación permitió el surgimiento de leyendas como El Santo, Blue Demon, Huracán Ramírez y Black Shadow, quienes transformaron la lucha en un fenómeno mediático.

El legado de la lucha libre como patrimonio cultural

Aunque la disciplina no nació en México, el país aportó la narrativa, la estética de las máscaras y la estructura del espectáculo que se conoce globalmente. La combinación de técnica deportiva y dramatismo convirtió a los luchadores en figuras de culto. Actualmente, las funciones de los viernes espectaculares mantienen una afluencia constante de público nacional y extranjero.

La industria de la lucha libre genera una derrama económica significativa a través de la venta de boletos, mercancía oficial y derechos de transmisión. El reconocimiento de la lucha libre como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México valida su importancia histórica. Las nuevas generaciones de gladiadores continúan la tradición en los mismos cuadriláteros donde se forjaron los ídolos del siglo XX.

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