La joya más antigua del mundo no es de oro: Tiene 140,000 años

Kenia Espinosa

2026-01-15

Mucho antes que el oro, estas piezas del mar eran consideradas el tesoro más valioso y sagrado por nuestros ancestros.

El hallazgo en Marruecos: La joya más antigua de la humanidad

Cuando pensamos en joyas antiguas, es común imaginar el oro de los faraones egipcios o las piedras preciosas de la realeza europea. Sin embargo, la historia del adorno personal comienza mucho antes, con materiales que hoy consideramos simples recuerdos de un día de playa. Arqueólogos descubrieron en una cueva de Marruecos un conjunto de cuentas hechas con conchas marinas que datan de hace más de 140,000 años.

Este hallazgo reescribe la línea del tiempo de la cultura humana. Para ponerlo en perspectiva, cuando estos collares fueron creados, no existían las pirámides de Egipto, no se habían fundado las primeras ciudades, no había imperios y la escritura ni siquiera era un concepto. Estas pequeñas piezas de nácar son la evidencia de que el deseo de embellecer el cuerpo y comunicar identidad a través de objetos es una de las características más primitivas y fundamentales del ser humano, anterior incluso a las religiones organizadas y al arte rupestre complejo.

Un símbolo universal de vida y espiritualidad

Más allá de su función estética, las conchas poseían un profundo valor simbólico para las civilizaciones antiguas. Al provenir del océano, estaban intrínsecamente ligadas al agua, elemento esencial para la supervivencia. Para muchas culturas, el mar era un espacio sagrado y misterioso, por lo que portar una concha era una forma de conectar con esa fuerza natural.

El significado variaba según la región, pero casi siempre estaba asociado a conceptos positivos y vitales. Representaban la fertilidad, el origen de la vida y la conexión con el mundo espiritual. No eran objetos desechables o de moda pasajera, sino amuletos cargados de intención y significado que acompañaban a las personas en su vida diaria y, en muchos casos, en su viaje al más allá.

El valor de las conchas en diferentes culturas

El uso de las conchas no se limitó a una sola zona geográfica; fue un fenómeno global. En el continente africano, por ejemplo, la concha cauri (una pequeña especie de caracol marino) fue utilizada durante siglos no solo como amuleto de protección, sino también como moneda de cambio, facilitando el comercio entre tribus y regiones.

En Mesoamérica, civilizaciones como los zapotecas y los mayas integraron las conchas en su cosmovisión. Para ellos, estos objetos estaban vinculados a la luna, el agua y el poder femenino, siendo comunes en rituales y ofrendas. Por otro lado, en las islas de la Polinesia, las conchas eran un distintivo de jerarquía. Los jefes y navegantes las portaban como símbolo de estatus social y de su conexión directa con las deidades del mar, demostrando su rango dentro de la comunidad.

De objeto sagrado a accesorio cotidiano

Durante milenios, las conchas mantuvieron su estatus como objetos de lujo y poder. Sin embargo, con el descubrimiento y la metalurgia del oro, la plata y las piedras preciosas, su valor económico comenzó a ser desplazado. Los metales brillantes y las gemas raras tomaron el lugar de las conchas como los máximos representantes de la riqueza y la ostentación.

A pesar de este cambio, el uso de conchas nunca desapareció por completo. Pasaron de ser un tesoro exclusivo a convertirse en un accesorio accesible, pero que conserva, quizás sin que lo sepamos, esa carga histórica. Hoy en día, cuando alguien utiliza un collar o una pulsera de conchas, está replicando un gesto ancestral. Es una tradición ininterrumpida de más de cien milenios que nos recuerda que, antes de que el oro brillara, la humanidad ya buscaba en la naturaleza formas de expresar quiénes eran y en qué creían.

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