El origen mexicano del tomate y su impacto en la historia de la pizza
La pizza es uno de los alimentos más consumidos a nivel global, pero su evolución técnica y culinaria está ligada directamente a ingredientes provenientes de México. El tomate, elemento base de la salsa que caracteriza a este platillo, no existía en Europa antes del siglo XV. Su integración en la cocina italiana ocurrió tras un proceso de domesticación en Mesoamérica y una posterior transición cultural en el continente europeo.
El tomate: un aporte de México para la gastronomía mundial
El ingrediente que define la identidad de la comida italiana tiene sus raíces en el territorio mexicano. Los pueblos mesoamericanos domesticaron este fruto, al cual denominaban xitomatl en náhuatl. Tras la llegada de los españoles a América a finales del siglo XV, el tomate fue llevado a Europa como parte del intercambio de productos.

En un principio, el tomate no fue aceptado como alimento en el Viejo Continente. El primer registro escrito sobre este fruto en Europa data de 1544, realizado por el botánico italiano Pietro Andrea Mattioli. Él lo nombró pomodoro, que significa “manzana de oro”, debido a que las primeras variedades que llegaron a la región eran de color amarillo. Sin embargo, su uso inicial fue principalmente ornamental y no culinario.
La creencia del tomate como fruto venenoso en Europa
Durante varios siglos, el tomate fue conocido en los círculos de la realeza europea como “la manzana del diablo”. Existía la percepción de que su consumo provocaba enfermedades e incluso la muerte. Esta creencia no se originaba en las propiedades del fruto, sino en los utensilios utilizados por las clases altas de la época.

La nobleza empleaba platos fabricados con peltre, una aleación que contenía altos niveles de plomo. Debido a la acidez natural del tomate, al entrar en contacto con estos platos, se liberaba el plomo, provocando intoxicaciones progresivas en quienes lo ingerían. Al desconocer este proceso químico, la sociedad europea de los siglos XVI y XVII atribuyó las muertes directamente al consumo del tomate, retrasando su integración en la dieta popular.
Nápoles y el surgimiento de la pizza como alimento popular
A finales del siglo XVIII, la ciudad de Nápoles presentaba altos índices de pobreza y sobrepoblación. Los habitantes de los barrios populares necesitaban alimentos económicos y de fácil acceso. A diferencia de la realeza, las clases bajas utilizaban platos de madera, barro o cerámica, materiales que no reaccionaban ante la acidez del tomate.

Debido a que el tomate era un producto barato y se cosechaba con facilidad en la región, los napolitanos comenzaron a añadirlo al pan plano. Esta combinación dio origen a la versión moderna de la pizza. En ese periodo, este platillo era considerado exclusivamente una “comida de pobres”, consumida en las calles por personas que carecían de cocinas en sus viviendas.
La pizza Margherita y su reconocimiento en la realeza
El estatus social de la pizza cambió en 1889. Durante una visita a Nápoles, la reina Margarita de Saboya manifestó su interés por probar el alimento que consumían los habitantes locales. El pizzero Raffaele Esposito fue el encargado de preparar una variedad especial para la monarca.

Esposito diseñó una pizza que representaba los colores de la bandera de Italia: el rojo del tomate, el blanco del queso mozzarella y el verde de la albahaca. Esta preparación recibió el nombre de “Pizza Margherita” en honor a la reina. A partir de este evento, el platillo comenzó a ser aceptado por las élites sociales y se inició su proceso de estandarización en la cocina italiana.
La globalización de la pizza a través de la migración
La expansión internacional de la pizza ocurrió a principios del siglo XX, impulsada por los movimientos migratorios de ciudadanos italianos hacia el continente americano. En 1905, un inmigrante llamado Gennaro Lombardi abrió la primera pizzería registrada en Estados Unidos, ubicada en la ciudad de Nueva York.
El origen canadiense de la pizza hawaiana en 1962
Una de las variantes más discutidas en la gastronomía actual es la pizza con piña, conocida como hawaiana. Contrario a lo que sugiere su nombre, esta receta no se originó en Hawái ni en Italia. Fue creada en 1962 en Canadá por Sam Panopoulos, un inmigrante de origen griego.

Panopoulos decidió experimentar añadiendo piña enlatada a una pizza en su restaurante Satellite, ubicado en Chatham, Ontario. El nombre “hawaiana” fue tomado directamente de la marca de la piña enlatada que utilizó en ese momento. Este dato confirma que la evolución de la pizza sigue siendo un proceso de intercambio cultural y experimentación técnica que trasciende fronteras nacionales.






