“Se me pegaron las sábanas”: Las excusas más comunes para llegar tarde el lunes que todos hemos usado alguna vez
Suena la alarma del lunes y un escalofrío nos recorre el cuerpo. El fin de semana, con su cumbia, su familia y su descanso, se siente como un sueño lejano. Abrimos los ojos y la realidad nos golpea: es hora de volver a la chamba. Y en esa batalla épica entre nuestra cama y nuestras obligaciones, a veces la cama gana por unos minutos… o por una hora.
Es en ese trayecto, corriendo para checar tarjeta, que nuestra mente se convierte en una máquina creativa de pretextos. Necesitamos una buena historia, algo creíble que justifique por qué nuestra semana empieza con un retardo. Comadre, no te hagas, todas hemos estado ahí.
Así que, con un cafecito en mano y en son de paz, vamos a repasar esas joyas de la excusa que se han convertido en el himno no oficial de los lunes por la mañana.
1. El rey de todos los pretextos: “Había muchísimo tráfico”
Esta es la excusa universal, la que nunca falla, especialmente si vives en la Ciudad de México o sus alrededores. Es tan creíble que a veces ni siquiera es mentira. El lunes, el Viaducto, el Periférico o la Zaragoza se convierten en el estacionamiento más grande del mundo. Puedes culpar a un choque, a la lluvia que nunca cayó o simplemente al “tráfico de lunes”. Tu jefe probablemente asentirá con la cabeza, porque él también lo sufrió. Es la excusa perfecta porque es compartida y casi imposible de desmentir.
2. La odisea del transporte público: “El Metro venía llenísimo”
Para la gran mayoría que se mueve en transporte público, esta es la excusa de cabecera. Y tiene un sinfín de variantes, todas igual de válidas. “Es que el Metro se detuvo 20 minutos entre estaciones”, “la combi nunca pasó”, “se ponchó la llanta del microbús” o la más dramática y respetada: “es que hubo un problema en las vías”. Es una aventura diaria que el lunes se siente más pesada, y por lo tanto, es una justificación que genera empatía inmediata. Nadie te va a cuestionar el viacrucis que es llegar a la chamba en hora pico.
3. La traición tecnológica: “No sonó la alarma”
En la era de los celulares inteligentes, esta excusa ha evolucionado. Ya no es solo que “no sonó”, ahora tenemos versiones más sofisticadas. “Es que se actualizó el teléfono en la noche y se apagó la alarma”, “se fue la luz y no se cargó el celular” o el clásico “le puse posponer y creo que me pasé”. Le echamos la culpa a la tecnología, ese ente impredecible que a veces nos juega malas pasadas. Es una forma de decir “no fue mi culpa, fue de mi aparato”, y aunque suena a cuento, ¿a quién no le ha pasado?
4. El misterioso malestar de los lunes: “Amanecí un poco mal del estómago”
Es curioso cómo los malestares gastrointestinales tienen una predilección por atacar los lunes a las 7 de la mañana. La barbacoa del domingo, el pozole de la fiesta del sábado o simplemente “algo me cayó mal”. Esta excusa es poderosa porque nadie se atreve a indagar en los detalles. Jugar la carta de la salud es delicado y generalmente te ganas un “cuídate mucho” en lugar de un regaño. Es una estrategia de bajo riesgo y alta efectividad.
5. El drama doméstico inesperado: “Se rompió un tubo del agua”
Esta es para cuando el retardo ya es de nivel experto. Un problema en casa siempre es una excusa sólida. “Se escapó el perro”, “se me quedaron las llaves adentro”, “el niño no se quería levantar para la escuela” o la ya mencionada catástrofe de plomería. Estos pretextos funcionan porque apelan a la responsabilidad y a los imprevistos de la vida adulta. Muestran que no eres floja, sino que eres una heroína que tuvo que resolver una crisis antes de poder salir a conquistar el mundo laboral.
Al final del día, la verdadera razón detrás de todas estas excusas es una sola: se llama fin de semana. Y fue tan bueno, que nuestro cuerpo y mente se resisten a dejarlo ir. Así que, si hoy aplicaste alguna de estas, ¡chócalas! Y a echarle ganas, que ya falta menos para el próximo viernes.






