La Cruda Moral es Real: Las Penosas Hazañas de Fin de Semana que Preferiríamos Olvidar

Kenia Espinosa

2026-01-25

Un hombre sentado en un sillón con expresión de arrepentimiento o "cruda moral", ilustrando la nota sobre las cosas vergonzosas que se hacen el fin de semana.

¡Trágame tierra! Las 5 cosas más vergonzosas que hacemos el fin de semana (y que juramos no volver a repetir)

Llega el viernes y con él, la promesa de libertad, descanso y diversión. Nos quitamos el uniforme de la chamba y nos ponemos el de “a ver qué pasa”. El fin de semana es nuestro lienzo en blanco para pintar recuerdos… aunque a veces, seamos honestas, comadre, terminamos pintando unos cuadros que dan más pena que gloria.

Todas hemos despertado un domingo con esa sensación extraña en el estómago que no es cruda física, sino “cruda moral”. Esa vocecita que nos pregunta: “¿Qué hiciste anoche?”. Y mientras los recuerdos borrosos empiezan a tomar forma, solo podemos taparnos la cara con la almohada y pensar: “¡Qué oso!”.

Pero no estás sola. Estas metidas de pata son casi un rito de paso del fin de semana. Así que, en lugar de sentir vergüenza, vamos a reírnos un poco de esas hazañas que, aunque penosas, nos dejan buenas anécdotas que contar.

1. El fantasma del ex que revive con dos copitas

Es un clásico. Estás en la fiesta, suena esa canción de salsa que bailaban juntos, y de repente, ese tequilita que te tomaste te susurra al oído: “Mándale mensaje”. Y tú, sintiéndote muy valiente, le haces caso. El resultado: un “te extraño” a las 3 de la mañana, una llamada perdida o, peor aún, un audio cantando a todo pulmón.

La vergüenza del día siguiente al ver el celular es monumental. ¿Por qué lo hicimos? El alcohol baja nuestras defensas y saca a flote emociones que tenemos bien guardadas. En ese momento, parecía una gran idea, pero el lunes, cuando ves el “visto” sin respuesta, solo quieres que la tierra te trague.

2. La “Storyteller” que llevamos dentro (y que debió quedarse dormida)

El fin de semana nos sentimos estrellas de nuestro propio reality show. Con celular en mano, empezamos a documentar cada segundo en las historias de Instagram o Facebook: el brindis, el baile, el chisme con las comadres. El problema es que, a medida que avanza la noche, nuestro filtro de “esto es buena idea” se va desactivando.

El domingo por la mañana, te despiertas y ves una tira interminable de historias con zoom tembloroso, cantando desafinado y con la cara de fiesta que no querías que tu tía viera. El pánico te invade y empiezas a borrar todo, rezando para que no lo hayan visto demasiadas personas.

3. Sacando los pasos prohibidos… frente a toda la familia

Ya sea en una boda, unos XV años o la carnita asada del domingo, la música empieza a sonar y el cuerpo pide baile. Al principio todo es normal, pero de repente, te sientes poseída por el espíritu de la cumbia sonidera y sacas a relucir “los pasos prohibidos”. Sí, esos que solo practicas frente al espejo.

El problema es que al día siguiente, tu primo ya subió el video a TikTok y toda la familia te está mandando el sticker de ti bailando. En el momento te sentiste la reina de la pista, pero ahora solo piensas en cómo vas a dar la cara en la próxima reunión.

4. El misterio de la cartera vacía el lunes por la mañana

El fin de semana nos sentimos millonarias. “¡Yo invito la siguiente ronda!”, “¡Claro que me compro esos zapatos!”, “¡Pide lo que quieras, comadre!”. Nos entra una generosidad y un espíritu de “el dinero va y viene” que es muy peligroso.

La dura realidad llega el lunes, cuando revisas tu cuenta de banco y te das cuenta de que te gastaste lo de la quincena en una noche. La vergüenza no es con los demás, es contigo misma. Y mientras comes atún el resto de la semana, te juras que el próximo fin de semana serás más responsable (una promesa que dura hasta el siguiente viernes).

5. La sinceridad brutal que nadie te pidió

A veces, el fin de semana nos relaja tanto que se nos suelta la lengua. Y en medio de la plática, soltamos esa “verdad” que nadie nos pidió. Le dices a tu prima que su novio no te cae bien, le confiesas a tu amigo que su nuevo corte de pelo no le favorece o cuentas un chisme que no debías.

En el momento se siente liberador, pero después llega el arrepentimiento. Te das cuenta de que fuiste demasiado directa y que quizás heriste a alguien. La vergüenza viene de no haber medido tus palabras y tener que pasar la siguiente semana pidiendo disculpas.

Al final, estos “osos” son parte de la vida. Nos recuerdan que somos humanas y que, a veces, necesitamos soltarnos un poco. Así que, la próxima vez que te pase, respira hondo, ríete de ti misma y recuerda: lo bailado, ¿Quién nos lo quita?

Logo Sabrosita
ESCUCHA LA RADIO EN VIVO AHORA
X
Loading...