De Candy Candy a los ThunderCats: La nostalgia de la tele ochentera

Kenia Espinosa

2026-02-15

Collage de caricaturas clásicas como Candy Candy y ThunderCats. Nota sobre programas infantiles de la televisión abierta en México en los 80 y 90.

Caricaturas que marcaron la televisión abierta en México durante los años 80

La década de los 80 representó un periodo de consolidación para la programación infantil en la televisión abierta mexicana. En la Ciudad de México y la zona metropolitana, canales como el 5 de Televisa y el 7 y 13 de la entonces Imevisión, concentraron la oferta de contenidos para niños y adolescentes. Para las personas que hoy tienen entre 40 y 54 años, estas producciones formaron parte de su rutina diaria al regresar de la escuela o durante las mañanas de los fines de semana.

La barra infantil de Canal 5 y el impacto de las series de acción

Canal 5 se posicionó como el principal referente de caricaturas durante los años 80. La programación incluía series de origen estadounidense y japonés que presentaban narrativas de aventura y ciencia ficción. Producciones como He-Man y los Amos del Universo y ThunderCats destacaron por su frecuencia de transmisión y la comercialización de productos relacionados en mercados y tiendas departamentales de la zona metropolitana.

Estas series utilizaban una estructura de episodios autoconclusivos donde se presentaba un conflicto y su resolución en un lapso de 30 minutos. La voz activa de los personajes y las tramas centradas en la protección de territorios o valores específicos caracterizaron a esta época. El doblaje al español, realizado en gran medida en estudios mexicanos, permitió que el lenguaje utilizado fuera cercano a la audiencia local, facilitando la adopción de frases y modismos por parte de los menores de aquel tiempo.

La influencia del anime japonés en la televisión mexicana

Durante los años 80, la televisión abierta en México integró una cantidad considerable de animación japonesa, conocida como anime. A diferencia de las producciones estadounidenses, estas series presentaban arcos narrativos largos y temas relacionados con la perseverancia y las relaciones familiares. Candy Candy y Remi son ejemplos de contenidos que mantuvieron niveles de audiencia constantes en canales como el 13.

Estas historias se caracterizaban por abordar situaciones de la vida cotidiana, la orfandad y la búsqueda de superación personal. Otras series como Mazinger Z introdujeron el concepto de robots gigantes, lo que diversificó los gustos de la audiencia infantil de la época y sentó las bases para la llegada de más producciones asiáticas en la década posterior.

Clásicos de Hanna-Barbera y la permanencia de los personajes tradicionales

A pesar de la llegada de nuevas producciones, las caricaturas de los estudios Hanna-Barbera mantuvieron una presencia sólida en la televisión abierta. Personajes como Don Gato y su Pandilla, Los Picapiedra y Los Supersónicos formaban parte de la programación habitual. En el caso de Don Gato, la ambientación en una ciudad y el doblaje liderado por Jorge Arvizu “El Tata” generaron una identificación particular con el público de la Ciudad de México.

Hábitos de consumo televisivo en los hogares de los años 80

El consumo de caricaturas en los años 80 estaba condicionado por los horarios de transmisión de la televisión analógica. Sin la existencia de plataformas bajo demanda o sistemas de grabación domésticos masificados, la audiencia dependía de la puntualidad de las cadenas televisivas.

La programación infantil se dividía principalmente en dos bloques: el matutino, enfocado en niños en edad preescolar, y el vespertino, dirigido a estudiantes de primaria y secundaria. Durante los periodos vacacionales, las televisoras extendían estos horarios, incluyendo maratones de series populares. Esta dinámica generó una experiencia colectiva donde gran parte de la población infantil consumía los mismos contenidos de manera simultánea, lo que facilitaba la interacción social en espacios públicos y escuelas.

La permanencia de estas caricaturas en la memoria colectiva se manifiesta hoy a través de la nostalgia y la retransmisión de algunos títulos en canales digitales o servicios de streaming.

Instituciones dedicadas al estudio de los medios de comunicación señalan que la década de los 80 fue un punto de inflexión en la forma en que se diseñaban los contenidos para niños, vinculándolos estrechamente con la industria del juguete. Sin embargo, más allá del aspecto comercial, estas caricaturas cumplieron una función de acompañamiento en la vida diaria de millones de mexicanos que crecieron viendo la televisión abierta en una época de cambios urbanos y sociales significativos.

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