Durante las décadas centrales del siglo XX, un grupo de artistas europeas vinculadas a las corrientes surrealistas fijó su residencia en México. Creadoras como la británica Leonora Carrington, la española Remedios Varo, la francesa Alice Rahon y la británica Bridget Bate Tichenor desarrollaron su producción formal en el país.
El desplazamiento de estas autoras respondió a las condiciones bélicas generadas por la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Las políticas exteriores de asilo diplomático del gobierno mexicano facilitaron la recepción de intelectuales y creadores plásticos procedentes de Europa.
La conformación de redes de trabajo en la capital mexicana
Las artistas establecieron talleres de producción en colonias capitalinas como la Roma, San Rafael y Cuauhtémoc. En estos espacios mantuvieron intercambio técnico con fotógrafos, escritores y pintores residentes, entre ellos Kati Horna, Gunther Gerzso, Wolfgang Paalen y Octavio Paz.
La convivencia cotidiana entre Carrington y Varo propició investigaciones conjuntas sobre técnicas de pintura al temple, botánica, farmacopea tradicional y literatura hermética. Este entorno colectivo sustituyó las dinámicas de los círculos surrealistas de París, donde predominaba la dirección de figuras masculinas.
Los elementos culturales mesoamericanos en el lenguaje plástico
Las cuatro creadoras incorporaron componentes del entorno geográfico y cultural mexicano a sus composiciones. Los museos arqueológicos, los mercados de plantas medicinales y las festividades comunitarias proporcionaron referentes visuales ajenos a la tradición académica europea.
Leonora Carrington recurrió a elementos de la cosmogonía maya y a la fauna local para ejecutar obras de gran formato como el mural del Museo Nacional de Antropología, comisionado en 1964. Remedios Varo estructuró representaciones de torres, aparatos mecánicos y personajes dedicados a labores de laboratorio y astronomía.
Por su parte, Bridget Bate Tichenor, radicada en México desde 1953, vinculó sus retratos con iconografía prehispánica y especies animales autóctonas. Alice Rahon, quien llegó al país en 1939, abandonó la poesía escrita para desarrollar técnicas pictóricas con arenas, pigmentos minerales y cenizas volcánicas.
La producción de estas cuatro autoras forma parte del acervo de recintos públicos como el Museo de Arte Moderno de México. Sus obras documentan el cruce entre los métodos de vanguardia europeos y las fuentes documentales del territorio americano.






