¡Adiós, dieta! Los antojitos que reinan el fin de semana y que tu cuerpo pide a gritos
Llega el viernes y una energía especial se siente en el aire. No es solo el final de la semana de trabajo, es la señal de que el cuerpo se prepara para un merecido descanso y, por supuesto, para un festín de sabores. Porque si algo sabemos hacer bien en México, es celebrar el fin de semana con la comida. Se guardan los tuppers de la oficina y se abre paso al desfile de antojitos que nos hacen felices.
Desde el sábado por la mañana hasta el domingo por la noche, las calles y las cocinas se transforman en un paraíso para los amantes del buen comer. Es un ritual que pasa de generación en generación: la familia se reúne, los amigos se juntan y la excusa perfecta siempre es compartir un platillo que nos reconforte el alma y la pancita. ¿A poco no, comadre? Ya se te está haciendo agua la boca, así que vamos a repasar esos antojitos que son los reyes indiscutibles del fin de semana.
Para empezar el día: Barbacoa o carnitas, el desayuno de campeones
El sábado o domingo no empieza de verdad hasta que alguien en el grupo de la familia pregunta: “¿Vamos por la barbacha?”. La barbacoa de borrego, suavecita y servida en tacos con su cilantro, cebolla y una salsa borracha que pica sabroso, es el ritual mañanero por excelencia. Y no puede faltar su inseparable compañero: el consomé caliente con sus garbanzos y arroz, perfecto para “revivir” a cualquiera después de una noche de fiesta y baile.

Si la barbacoa no es la opción, su primo hermano, las carnitas, entra al quite. Un buen taco de maciza, cuerito o nana, servido en tortilla hecha a mano, es todo lo que se necesita para empezar el día con el pie derecho. Ir al puesto del mercado, ver cómo pican la carne y prepararte tu taco con todo, es parte de la experiencia que alimenta tanto como la propia comida.
La noche es joven y pide tacos
Cuando el sol se mete, las luces de los puestos callejeros se encienden y con ellas, el antojo nocturno. Y aquí, el rey indiscutible es el taco. Pero no cualquier taco. El fin de semana es para los tacos de suadero, longaniza, campechanos y, por supuesto, los de pastor con su piña, su cilantro y su cebollita.

La taquería se convierte en el punto de reunión. El sonido de la carne friéndose en el comal, el olor de la cebollita asándose y la vista de la barra de salsas son un espectáculo. Pedir la orden “con todo” y debatir cuál salsa es la mejor es parte del encanto. Los tacos de la noche no solo quitan el hambre, también curan el alma y son el cierre perfecto para una salida con los amigos o la pareja.
Para calmar el antojo de media tarde: Elotes y esquites
El fin de semana también es para caminar, para ir al parque o al tianguis. Y en ese paseo, es casi imposible resistirse al llamado del carrito de los elotes y esquites. Ya sea el elote entero, embarrado de mayonesa, queso y chile del que pica (o del que no pica), o un vasito de esquites calientitos con limón y patitas de pollo para los más aventados, este antojito es una parada obligatoria.

Es el snack perfecto: sencillo, delicioso y te lo puedes comer mientras sigues con tu paseo. Es ese pequeño gusto que te das “porque sí”, porque es fin de semana y te lo mereces. Y no olvidemos a sus parientes cercanos: los chicharrones preparados con cueritos y el durito con verdura, ¡una delicia!
La sed de la mala y el postre que no perdona
Un buen fin de semana de antojitos no está completo sin algo para beber. Y para muchos, eso significa una buena michelada. Ya sea la clásica con limón y sal, o las más preparadas con clamato, salsas y hasta camarones, es la bebida que acompaña perfectamente el ambiente relajado y festivo.

Y para cerrar con broche de oro, siempre hay espacio para el postre. Unos churros recién hechos, espolvoreados con azúcar y canela, o una visita al puesto de plátanos fritos con lechera y mermelada, son el punto final perfecto para un fin de semana de consentirse. Porque la dieta puede esperar al lunes, pero los antojitos del fin de semana son una tradición que no se puede ni se debe perdonar.






