Cuando hablamos de música tropical, existen nombres que resuenan con fuerza por su capacidad para hacernos bailar, y otros que, aunque a veces están detrás de los reflectores, son los verdaderos arquitectos del sonido que tanto disfrutamos. Si eres de las que disfruta poner un disco con sabor antillano para alegrar la casa o recordar viejos tiempos, es indispensable conocer la historia de Alfredo “Chocolate” Armenteros, un virtuoso que dejó una huella imborrable en el son y la salsa.

Este músico cubano no solo destacó por su carisma, sino por poseer un talento excepcional con la trompeta, instrumento que dominó desde que era muy joven (“muy morrito”, como dirían en el barrio). Su historia es un viaje musical que va desde las orquestas tradicionales de Cuba hasta los escenarios más importantes de Nueva York.
Los inicios de una leyenda en Cuba
Alfredo Armenteros nació con la música en la sangre. Su carrera comenzó en su natal Cuba, donde demostró desde temprana edad que tenía un don especial para la interpretación. Durante sus primeros años, formó parte de agrupaciones de gran renombre que definieron la época dorada de la música cubana.

Entre las orquestas en las que participó se encuentran la de René Álvarez y la del legendario Arsenio Rodríguez, conocido como el “Ciego Maravilloso”. Sin embargo, un dato que conecta directamente con la nostalgia y el cariño del público mexicano es su vínculo familiar: “Chocolate” Armenteros era primo del inigualable Benny Moré, el “Bárbaro del Ritmo”. También colaboró con la orquesta de José Fajardo, una experiencia que sería clave para su futuro internacional.
La llegada a Nueva York y la explosión de la salsa
El destino de Armenteros cambió en 1956, cuando viajó por primera vez a Nueva York junto a la orquesta de José Fajardo. La energía de la ciudad y la creciente escena musical latina lo cautivaron. Un año después, en 1957, tomó la decisión de mudarse definitivamente a la “Gran Manzana”.
Su llegada coincidió con un momento histórico para la música latina en Estados Unidos. Su trompeta, con ese sonido brillante y cubanísimo, se volvió una pieza codiciada por los directores de orquesta más importantes del momento. Armenteros no tardó en integrarse a la élite de la salsa y el jazz latino.

Colaboró con figuras que hoy son íconos indiscutibles, como Johnny Pacheco, Ismael Rivera “El Sonero Mayor”, el pianista Eddie Palmieri, Larry Harlow y Joe Quijano, por mencionar solo algunos. En cada una de estas orquestas, “Chocolate” no se limitó a ser un músico de acompañamiento; su estilo único y su virtuosismo le permitieron destacar y mostrar “de qué lado masca la iguana” en el escenario.
Más que un trompetista: Compositor y Productor
Aunque la trompeta fue su sello de identidad, Alfredo Armenteros fue un artista completo. Además de ejecutar el instrumento con maestría, desarrolló una carrera sólida como compositor y productor musical. Su entendimiento del ritmo y la melodía le permitió crear piezas que respetaban la tradición del son cubano, pero con la frescura necesaria para triunfar en el mercado internacional.

Cuando decidió liderar su propia orquesta, demostró que tenía la capacidad de ser “el papá de los pollitos”. Bajo su dirección, sus agrupaciones mantuvieron un nivel de calidad excepcional, fusionando la elegancia del son clásico con la potencia de la salsa neoyorquina.
Una recomendación imperdible: “Monsieur Chocolate”
Para quienes desean adentrarse en su obra o simplemente buscan buena música para una tarde de descanso o una reunión familiar, existe un disco fundamental: Monsieur Chocolate: Prefiero El Son. Lanzado en 1980, este álbum es una muestra perfecta de su madurez artística.

El material está cargado de son, alegría y esa nostalgia que caracteriza a la buena música caribeña. Es un disco que transporta al oyente a las raíces, con arreglos cuidados y una ejecución impecable. Dentro de esta producción, destaca el tema “Chocolate Sabroso”, una canción que resume el espíritu festivo del trompetista y que es ideal para quienes buscan ritmos auténticos y llenos de sabor.
Escuchar a Alfredo “Chocolate” Armenteros es conectar con una época donde la música se hacía con el corazón y con una técnica depurada. Su legado vive en cada nota de su trompeta y en grabaciones que, décadas después, siguen teniendo la capacidad de ponernos a bailar.






