La bebida que eliges para tu rosca dice mucho de ti: ¿eres team chocolate, atole o café?

Kenia Espinosa

2026-01-05

El placer de "chopear" la Rosca de Reyes en una taza de chocolate caliente, un apapacho para el corazón en el Día de Reyes.

Las 3 bebidas calientitas que hacen el equipo perfecto con la Rosca de Reyes

La tradición de partir la rosca no está completa sin una taza humeante a su lado. Desde el apapacho de un chocolate espumoso hasta la herencia prehispánica del atole, te contamos cuáles son las bebidas ideales para chopear ese pedacito de pan y por qué son el corazón de esta celebración familiar.

Llega el 6 de enero y con él, uno de los momentos más esperados por las familias mexicanas: reunirse alrededor de la mesa para partir la tradicional Rosca de Reyes. El aroma a naranja y mantequilla inunda el hogar, pero la experiencia no está completa sin la compañía de una bebida caliente que reconforte el cuerpo y el alma.

Más allá de ser un simple acompañamiento, la bebida que se elige para este momento es parte fundamental del ritual, un complemento que realza los sabores del pan y fortalece la convivencia. Aunque las opciones son muchas, hay tres clásicos que se han ganado un lugar de honor en esta celebración por su historia, sabor y capacidad de evocar la nostalgia.

Chocolate caliente: el abrazo que se bebe

Si hay una bebida que grita “celebración familiar”, es el chocolate caliente. Su maridaje con la Rosca de Reyes es, para muchos, la combinación perfecta. La tradición de beber chocolate en México es ancestral; se remonta a las culturas prehispánicas, como los mayas y aztecas, quienes consumían el cacao en bebidas ceremoniales. Con la llegada de los españoles, la receta se transformó, añadiendo leche y azúcar, dando origen a la versión que conocemos hoy.

Un buen chocolate caliente para acompañar la rosca suele ser espeso y espumoso, tradicionalmente batido con un molinillo de madera hasta lograr esa textura aterciopelada. Su dulzura y cremosidad equilibran a la perfección la ligera sequedad del pan, mientras que las notas de canela que a menudo se le añaden armonizan con los sabores cítricos de la rosca.

Para una experiencia más tradicional, se recomienda prepararlo con una tablilla de chocolate de metate, que aporta un sabor más intenso y una textura ligeramente granulada. Servido en una taza de barro, no solo mantiene mejor el calor, sino que también nos conecta con la calidez de los recuerdos de la infancia.

Atole: la herencia prehispánica que reconforta

El atole es otra bebida con profundas raíces en la historia de México. Su nombre proviene del náhuatl “atolli”, que significa aguado, y en su forma más original era una cocción de harina de maíz con agua, endulzada con miel o piloncillo. Esta bebida era fundamental en la dieta de los pueblos mesoamericanos y ha perdurado como un pilar de nuestra gastronomía.

Su versatilidad es una de sus grandes virtudes. Aunque el atole blanco (de maíz) es la base, existen innumerables sabores que se adaptan a todos los gustos: guayaba, fresa, vainilla, nuez o elote. La consistencia espesa y suave del atole lo convierte en el compañero ideal para “chopear” la rosca, suavizando el pan y creando una combinación reconfortante.

Una de las variantes más populares para esta fecha es el champurrado, que es básicamente un atole de chocolate. A diferencia del chocolate caliente, el champurrado se espesa con masa de maíz, lo que le da un cuerpo más denso y un sabor profundo que complementa maravillosamente las frutas cristalizadas de la rosca.

Café de olla: el sabor del campo para despertar los sentidos

Para quienes prefieren un contraste de sabores menos dulce, el café de olla es la opción ideal. Esta bebida, con su característico aroma a canela y piloncillo, tiene una historia ligada a la Revolución Mexicana. Se cuenta que las “adelitas” lo preparaban en grandes ollas de barro para mantener a los soldados calientes y alertas durante las frías noches.

El secreto de su sabor único reside en su preparación. Se elabora en una olla de barro, que según los conocedores, le aporta un toque terroso especial. El agua se infusiona con una rama de canela y un cono de piloncillo antes de añadir el café molido. Algunas recetas familiares también incluyen clavo, anís estrella o cáscara de naranja para darle más complejidad.

El amargor del café, matizado por el dulzor especiado del piloncillo y la canela, crea un balance perfecto con el pan de la rosca. Es una bebida que reconforta, pero también despierta, ideal para la sobremesa y la plática que inevitablemente sigue a la partida de la rosca.

Ya sea con el abrazo cremoso del chocolate, la caricia ancestral del atole o el toque especiado del café de olla, acompañar la Rosca de Reyes es un acto que va más allá del gusto. Es una forma de honrar nuestras tradiciones, de compartir con los que queremos y de mantener vivo el calor del hogar en una de las noches más mágicas del año.

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