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Una comunista para EU y una traidora para Cuba, pero su reino era la salsa

En Cuba, en Nueva York, en Miami, en México, en África o en los aires. Los comunistas, los castrenses y los estadounidenses. Todos por igual, sin importar la geografía o ideología, lamentaron la muerte de Celia Cruz el 16 de julio de 2003.

Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz es considerada como una de las voces más importantes del siglo XX. Antes de que la salsa fuese un género musical, su voz puso a bailar a toda latinoamérica.

Aunque las canciones que interpretaba estaban llenas de sabor y sus presentaciones en vivo eran energéticas, Celia enfrentó problemas entre las naciones que la vieron nacer musicalmente.

En Cuba, era la “Guarachera” de esa nación, hasta que Fidel Castro la desterró de su país. En México, era la actriz de telenovelas y la intérprete de clásicos nacionales que llevaron su voz al resto del continente americano. 

Pasó de ser una espía comunista a ser la “Reina de la Salsa” en Estados Unidos.

Después de su muerte fue nombrada por el Museo de Historia de América de la Smithsonian Institution como un ícono de Estados Unidos, gracias sus contribuciones musicales.

A lo largo de una gira, Celia Cruz permanecía en México para dar conciertos, pero al ver que la Revolución Cubana estaba en pleno auge, decidió no regresar a la isla.

Aunque se hizo de una carrera musical y televisiva en México, ella decidió migrar a Estados Unidos junto con Pedro Knight, el trompetista de la Sonora Matancera.

Cruz era tan querida y admirada en Cuba, que cuando Fidel Castro supo de su decisión, le prohibió regresar a Cuba y ella nunca lo hizo.

Además, se prohibió la distribución y reproducción de su música en ese país.

Queen of salsa

En Nueva York, Celia se hizo amiga de la comunidad de habla hispana y fue parte de la Orquesta de Tito Puente.

El auge de la música latina apenas comenzaba y en esa ciudad convergieron los distintos géneros musicales de Puerto Rico, República Dominicana, Cuba y otros países del Caribe y Latinoamérica que resultarían en un nuevo género musical denominado como “salsa”.

Aunque ella dejó las confrontaciones políticas a un lado de su música, Cruz interpretaba canciones dedicadas a México y a Cuba. Cantaba junto a Willie Colón sobre pertenecer a la comunidad latina en Estados Unidos y retomaba elementos africanos y afrocubanos en su personalidad. 

Además, su famoso grito “¡Azúcar!” hacía alusión a la historia cubana y a la violencia de la esclavitud, pues la recolección de caña en Cuba era una labor relegada a los esclavos hasta inicios del siglo XX.

Celia tampoco discutía sobre política, pero lo único que pidió para su muerte fue que la enterraran con tierra que ella trajo de la base naval de Guantánamo durante una presentación que hizo en 1990.  El 16 de julio de 2003, cuando falleció por cáncer, así se hizo.

“Soy una artista y cuando entra la política en una discusión, el arte sale por la ventana. Aprendí eso hace mucho tiempo”, dijo Celia Cruz a Ana Cristina Reymundo, coautora de las memorias de Celia Cruz.

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