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Sonidero; el fenómeno musical que nace en la CDMX

El sonidero es un fenómeno enorme de la cultura musical de la Ciudad de México. Viene de la tradición del DJ de barrio, hay similitudes con los sound systems de Jamaica o con la tecnobrega brasileña.

A finales de los cincuenta y principios de los sesenta, el melómano del barrio saca su tocadiscos a la calle y se arma una fiesta. Después se obsesiona y cada vez busca tener un equipo de mejor calidad y más potencia; construye sus propias bocinas, del tamaño de un ropero;“el poder”, les dicen los sonideros a sus equipos, y la fiesta ya es de todo el barrio. Empieza a ser un oficio.

En los setenta aparecen los micrófonos para anunciar las canciones y animar a la gente a bailar, hasta llegar al actual sonidero, que distorsiona la música, pasa los saludos que le manda el público constantemente, tiene sus propios discos de recopilaciones, playeras, logo, seguidores, clubes de baile, luces y un pequeño ejército de asistentes.

Hay algunos sonideros (Sonido la Changa, con más de 25,000 seguidores en Facebook, Sonido Divanny, Sonido Siboney, Sonido Berraco, Sonido Duende) que atraen a miles de personas en enormes eventos.

Tienen clubes de baile que los acompañan a cada tocada. Desde hace unos años, perseguidos por la implementación de leyes que regulan el volumen del sonido en el espacio público, hay muy pocos bailes en la ciudad y se han adaptado para tocar en deportivos y explanadas delegacionales, o de plano en salones. Pero no les gusta.

Hay sonideros versátiles que tocan diferentes géneros, de acuerdo con la ocasión. Otros se apegan a la música que les gusta, sin concesiones, como Óscar Solórzano, Sonido El Pato, que desde 1969 hace sonar la guaracha con su equipo retro (tornamesas Garrard y roperos que él mismo construye).

Lo que nadie pone en duda es que nació en las calles de la Ciudad de México y que de ahí se expande a Puebla, Monterrey, León y otras ciudades, donde toma un carácter propio. La influencia que ha tenido en la difusión de la música tropical es enorme y, en algunos casos (con artistas de la salsa como Gilberto Santa Rosa, Maelo Ruiz o Víctor Manuelle), más grande que la de la radio.

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