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La única, La Lupe… y su voz inolvidable

La Lupe con su voz marcó la historia de la época dorada de la salsa, y gracias a ella fue conocida como “the queen of Latin Soul”.

La Lupe fue un enigma, un ataque de nervios. Diva incontrolable y también una de las cantantes más expresivas del género afrocaribeño. Tuvo una voz privilegiada, y lo que más sorprende —más allá de las actitudes estrafalarias que la transformaron en leyenda— la ternura que imprimió a grandes temas de su cancionero como Puro teatro y Qué te pedí.

Durante la década del 70 fue eclipsada por “la otra reina” de la música tropical, Celia Cruz. Pero hasta el día de hoy, la discografía de La Lupe perteneciente al imperio de la Fania— sorprende con su variedad y elegancia.

Con el diablo en el cuerpo (1961)

Grabado para el sello Discuba, el primer disco de La Lupe se planta firmemente en el territorio musical que la haría famosa, con una predilección hacia las baladas de rock traducidas al español. “Te extraño tanto (I Miss You So)” es magnífica, así como la primera versión de “Fever”.

Mongo Introduces La Lupe (1963)

“El bajo tiene un hermoso bigote”, grita La Lupe al final de “Canta bajo”, demostrando que sus notorias excentricidades la habían acompañado a Nueva York. Un pionero del Latin Jazz que manejaba hábilmente los formatos bailables del momento, el conguero cubano Mongo Santamaría crea un impecable marco musical.

Tito Puente Swings, The Exciting Lupe Sings (1965)

Cuentan por ahí que La Lupe luchó aguerridamente para colocarse al lado de Tito Puente en vez de ser una cantante más de su fabulosa orquesta. De cualquier manera, la colaboración entre ambos estuvo cargada de electricidad desde el comienzo, como lo demuestran “Bomba na’má” y “Qué te pedí”, uno de los boleros más devastadores de todos los tiempos.

Tú y yo (1965)

La segunda colaboración con Tito Puente camina por la misma senda de efervescencia y vértigo bailable, pero con un repertorio todavía más variado. Destaca una versión a lo jazz de la basso nova “Agua de beber” de Antonio Carlos Jobim, además de lecturas arrebatadas de “Lamento borincano” de Rafael Hernández y “Viva mi tristeza” de Armando Manzanero.

La Lupe y su alma venezolana (1966)

Tanto se habla sobre los delirios emocionales de La Lupe, y tan poco sobre la profundidad de su conocimiento musical. Desde el principio de su carrera, no le tuvo miedo a géneros musicales ajenos, y este disco de joropos venezolanos sorprende. Otro inesperado triunfo creativo de una artista polifacética.

Two sides of La Lupe (1968)

Trabajando con el productor Pancho Cristal, La Lupe presenta sus dos lados: uno, a puro frenesí bailable, y el otro, con aterciopelados boleros de abandono y amor. Brilla en temas como “Si vuelves tú” y “Going Out Of My Head” —que años más tarde Tito Puente grabaría con la puertorriqueña India, admiradora de La Lupe—. El primero de una seguidilla de grandes discos.

Queen of Latin Soul (1968)

Ya grabando como solista y tomando absoluto control de su carrera, La Lupe estalla en el firmamento musical de Latinoamérica, interpretando a la perfección el punto de encuentro entre el pop-rock en inglés y el nuevo sonido progresivo del género afrocaribeño. Aparecen sus dos éxitos definitivos: una nueva versión de “Fever” en inglés y su lectura fogosa de “La tirana”, del compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso.

La Lupe is the queen (1969)

Probablemente el mejor disco de su carrera o por lo menos el más sofisticado, especialmente por su primera cara, con orquestaciones opulentas y un clima de serena melancolía que contrasta con los volcánicos lamentos amorosos de su protagonista. “Puro Teatro”, también de Curet Alonso, es sublime. Y una joya escondida que vale la pena descubrir: “A la orilla del mar”, interpretada años antes por Javier Solís.

Un encuentro con La Lupe (1974)

El mismo año que se presentó en el Carnegie Hall junto a las estrellas de los sellos Alegre y Tico, La Lupe graba este LP repleto de adrenalina con Curet Alonso, el compositor que mejor supo entender su mezcla de arrogancia y ternura. Juntos, crean una secuela a “Puro teatro”, además de continuar su discurso de rebeldía sentimental en “La mala de la película”.

La pareja (1978)

Al escuchar temas como “Calumbo” o “La lloradora”, se diría que la carrera de La Lupe se encontraba en un estado de total prosperidad. Sin embargo, la competencia de Celia Cruz—que grababa incansablemente con luminarias como Johnny Pacheco, Willie Colón y la Fania All Stars— y el sonido salsoso de los años 70 dejaron a La Lupe en una posición de desventaja. Su último disco con Tito Puente representa un último envión de euforia tropical.

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